1 de cada 5 adolescentes sufre problemas emocionales

3 Chicas de 11 a 13 años de una clase promedio de 30 alumnos sufren problemas emocionales, según un nuevo estudio.

Además, los índices de ansiedad y baja autoestima entre las jóvenes han aumentado en un 50% en los últimos años. 

adolescentes con problemas emocionales

Los investigadores achacan esta subida al “aumento del estrés en las niñas y mujeres jóvenes”, incluyendo la presión escolar y la constante presión por su imagen corporal, intensificada aún más por los medios de comunicación.

¿Por qué?

Problemas como la baja autoestima, ansiedad leve, infelicidad y llanto -todos ellos factores de riesgo para enfermedades mentales más graves- aumentaron un 55% desde 2009 hasta 2014, según lo que los investigadores de la University College de Londres y el Centro Anna Freud encontraron. Este aumento significa que mientras que en 2009 en una clase promedio podrían haber 1 o 2 chicas con problemas emocionales, en 2014 habrían 3. Sin embargo, el número de jóvenes que habrían experimentado problemas con otras enfermedades mentales durante esos años no aumentó significativamente.

Cinco años es poco tiempo por eso nos sorprendimos a ver ese pico en problemas emocionales en chicas”, dice Elian Fink, autor principal del estudio. “El hecho de que otros problemas mentales no hayan sufrido esta subida nos hace pensar que han debido haber ciertos cambios significativos en estos últimos 5 años que han afectado especialmente a las jóvenes”.

Miranda Wolper, la co-autora, añade:

“Hay muchos factores que han podido influir. Y en esto se incluye el aumento de estrés en las niñas y mujeres jóvenes, desde la presión académica hasta su creciente sexualización y objetivación”.

El estudio, publicado en la Journal of Adolescent Health, comparó la salud mental de 1683 escolares de 2009 con un grupo de referencia de 1683 escolares en 2014.

Un triste caso: La alumna que se quitó la vida en el hotel

adolescentes con problemas emocionales

Zoe Hadley tenía 13 años cuando comenzó a sufrir de una enfermedad no diagnosticada que le impedía comer, caminar o incluso abrir los ojos.

Cuando sus padres, un médico y un abogado buscaron tratamiento especializado, los médicos no pudieron encontrar ninguna señal de una causa física. Este enero pasado Zoe se quitó la vida en un hotel al suroeste de Londres.

Laurence Hommel, su padre, la describió como “hermosa, inteligente y cariñosa”. Dijo que había sobresalido en el colegio hasta los 13 años, pero que en 2009 empezó a sufrir “terribles dolores de cabeza”. “Ni comía, ni bebía ni abría los ojos”, dice. “Le costó 3 meses de tratamiento en el hospital Great Ormond Street para que pudiera abrir los ojos, 4 para comer alimentos sólidos y 6 para poder ponerse en una silla de ruedas.

Nunca se supo la causa de su enfermedad.” Zoe adelantó 9 meses de trabajo en el colegio en un solo mes. Se puso a la cabeza de la clase, pero sufrió una recaída en Abril del 2011 y se convenció de que no podía usar sus piernas, sin prestar atención a las constantes garantías de sus padres de que ella estaba bien.

A los 16 años buscó tratamiento para lo que ella creía era una enfermedad neurológica. A los 18 años, se extirpó el apéndice sin decírselo a nadie -estando sano- y empezó a oír voces. El doctor Hommel, su padre, señaló: “Buscamos ayuda psiquiátrica pero la rechazó. Cada vez se estaba más psicótica”. Un doctor la diagnosticó con trastorno somatomorfo, un trastorno relacionado con la ansiedad, pero dijo que si la hubiera diagnosticado con esquizofrenia podrían haber visto la magnitud de su psicosis.  

¿Que nos enseña todo esto?

Algo muy importante: los jóvenes también tienen problemas mentales. Dejar pasar esta clase de avisos en la adolescencia puede desembocar en problemas inmensamente graves en la adultez, tanto joven como madura. Nuestros jóvenes necesitan ser escuchados, ser creídos, y ser cuidados como merecen. Desgraciadamente, el estigma a las enfermedades mentales es algo que pesa demasiado como para poder permitirnos mirarla de frente a los ojos. Como padres e hijos que somos, integrantes de esta sociedad, somos los responsables de cambiar el rumbo. Porque el día de mañana tu hijo puede también puede ser Zoe. Yo, como siempre, te espero en la próxima. Un gran saludo y un abrazo, Andrea.

Fuente: The Times Seguir leyendo:

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