¿En qué países invertir?

¿Invertir en el extranjero? – Sí, ¿Pero en qué países? Esto depende de muchos factores pero lo cierto que los nuevos países emergentes van suponer la integración de más de 2.500 millones de habitantes a la economía global. Un mercado al que ninguna empresa debería renunciar.

Mejores países para invertir

Los expertos no dudan en señalar a cuatro grandes países: Brasil, China, India y Rusia, como los cuatro “paraísos ” en los que el capital extranjero se encuentra con ventajas extraordinariamente relevantes para invertir. Son además cuatro países que están llamados a ser jugadores claves en la globalización.

Invertir en Brasil

Brasil ya no es ningún secreto para las empresas españolas. En la actualidad este país, de más de 200 millones habitantes, lidera el crecimiento económico de América Latina, es la tercera economía de todo el continente americano y la undécima del mundo (datos referidos a 2006).

A una economía y gobierno estables se han unido reformas legislativas (especialmente las fiscales, privatizaciones…), estabilidad macroeconómica, prudencia en la políticas presupuestarias, el incremento de la cooperación pública y privada, leves correcciones de los desequilibrios… Todo ello ha propiciado un clima de negocios amigable para los inversores extranjeros.

Hoy es un país que ha alejado el fantasma de la inflación (entre el 3% y el 4%), manteniendo unas cuentas externas saneadas, consiguiendo recuperar la confianza que perdió tras los ochenta y favoreciendo el acceso a unos tipos de interés descendentes (las previsiones son que los tipos de interés de referencia bajen de los actuales en torno al 12% hasta el 9,5% en 2009).

Quizás el superávit de la balanza comercial, brasileña y la dinamicidad de las exportaciones sea uno de los mejores indicadores del país. Esto hay que unirlo la liderazgo tecnológico de Brasil en temas como el éxito internacional de Embraer, su apuesta por los biocombustibles, sus guiños a la nanotecnología, etc., etc.

Desde 1980 hasta 2005, la economía brasileña nunca superaba al 3% en las tasas de crecimiento. En 2006 Brasil rompió esa barrera, alcanzando un 3,7%, y en 2007 ha llegado al 4,4%”.

Aunque las tasas de crecimiento de Brasil todavía distan mucho de alcanzar las de China, la India y otros países asiáticos, su estabilidad y saneamiento hacen presagiar unas inmejorables expectativas.

Invertir en la China y la India

Se trata de dos países con unas dinámicas de crecimiento sin precedentes. La India ha estado creciendo al 6% por casi un cuarto de siglo y en estos últimos años su tasa se aproxima al 8%. China por su parte ha estado creciendo al 9% por casi tres décadas. Amplias mejoras en los estándares de vida, e impresionantes reducciones en los índices de pobreza.

El éxito de China ha alejado algunos de los fantasmas con los que se tropezaban los inversores. Cierto que todavía no hay una clara concepción de los derechos de propiedad, no se apostaba por el libre comercio en las primeras etapas de su dinámica de alto crecimiento, y todavía no hay liberalización de los mercados de capitales.

En la India también hay asignaturas pendientes. Carencias muy notables de infraestructuras (incluyendo las básicas como la electricidad), ausencia de recursos naturales, incompleta liberalización del mercado de capitales (como en China).

Pero ambos países, China e India, presentan factores muy favorables:

  • políticas macroeconómicas sólidas, enfocadas no solo a la estabilización sino la crecimiento;
  • preocupación para acceder al crédito (iniciativas explícitas de India y China dirigidas a bancos extranjeros);
  • lucha activa de los gobiernos contra la pobreza;
  • elevadas inversiones en educación (en especial en Ciencia y Tecnología, incluso superando a algunos países más desarrollados). Este factor, por ejemplo se ha resuelto en un mayor número de titulados en ciencias e ingenierías en Asia que en Europa o los Estados Unidos.

Los resultados y rendimientos de este tipos de políticas han empezado a aflorar en bastantes vertientes. China ya no es un país que base sus ventajas comparativas en mano de obra barata. Por ejemplo, los costes laborales en el textil son más altos que en otros países en desarrollo. Sin embargo, China lidera una gran parte de las inversiones en nanotecnología aplicada al textil. O no pasa desapercibido que Chengdu, la capital de la provincia de Sichuan, se haya convertido en un destacadísimo centro mundial de software. Su 11º Plan quinquenal ha puesto énfasis en el desarrollo, la lucha contra la desigualdad, el medio ambiente o en la ciencia y la tecnología para mantener la competitividad.

Rusia, la reserva de Europa

El caso de Rusia es el más conocido por su proximidad a Europa y su potencial “renta de situación“. Un gigante de casi 150 millones de habitantes tiene que necesariamente dejarse notar. Aunque, sin embargo, la inversión española en Rusia es muy poco relevante, apenas representa el 0,02% de las inversiones españolas en el extranjero.

En los últimos dos años el crecimiento de Rusia se ha acelerado en torno a tasas del 7% y la inflación ha bajado de los dos dígitos que le caracterizaba hace bien poco. Las exportaciones rusas y el favorable saldo comercial vienen a contribuir positivamente al atractivo de los inversores.

Algunos expertos ponen énfasis en los riesgos relacionados con las garantias a las inversiones entranjeras. Aun así, las empresas españolas deben mirar hacia los mercados del este, cuya lejanía relativa -más costes de transporte- respecto del resto de países del UE nos sitúa en una posición de clara desventaja.

Inversiones globales

Para las empresas que apuesten sin reservas por la globalización las inversiones en estos cuatro países hay que calificarlas como absolutamente imprecindibles. Se trata de cuatro economías que en los próximos años están llamadas a jugar un destacadísimo papel en el mundo. Si las empresas no entran, su hueco será aprovechado por competidores, reforzando su posición en el mercado global. Por tanto, no hay nada más que una sola opción: INVERTIR.

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