Un día en A Coruña

Hace unos años asistí a un congreso sobre Energías Renovables en As Pontes de García Rodríguez (A Coruña), localidad en el que se encuentra la central térmica más potente de España que por entonces había agotado las existencias de carbón en la mina de la que se abastecía, dejando un inmenso agujero en el terreno que, según nos explicaron, tenían intención de rellenar con agua procedente del rio Eume. Afortunadamente el proyecto se ha llevado a cabo y hoy el agujero se ha convertido en el mayor lago artificial de Europa (18Km de perímetro).
Pues bien, una vez terminado el congreso decidí quedarme un día en A Coruña para conocer un poquito mejor la ciudad. Me hospedé en un hotel situado en la playa de Riazor, casi en pleno centro, prácticamente a la altura del istmo de la península en la que se encuentra la ciudad. Era un sábado del mes de junio y al despertarme por la mañana, la visión de la playa y del paseo marítimo por el que caminaban y corrían bastantes personas invitaba a salir y unirse a ellas. Empecé a caminar con la intención de recorrer la totalidad del bonito y bien cuidado paseo que bordea totalmente la península. Me iba acercando lentamente a la Torre de Hércules disfrutando del paisaje y, cómo no, al llegar realicé la visita de rigor y pasé un tiempo recorriendo las zonas verdes de su entorno y admirando la gran rosa de los vientos construida en el suelo, en un espacio muy cercano al mar. Terminada la visita y al volver a retomar el Paseo Marítimo, no me sentí con fuerzas para terminar el recorrido a pie. Así es que cogí el tranvía turístico que hacía el recorrido completo durante el verano y digo hacia porque un desafortunado descarrilamiento producido a principios del mes de julio del año pasado, unido a una falta de rentabilidad y a un deficiente estado de las vías en algunos puntos de su trazado, provocó la decisión del Ayuntamiento de suprimir el servicio sine die, por lo que dudo que este verano los visitantes de A Coruña puedan disfrutar de este agradable viaje en un tranvía de principios del siglo XX.
El tranvía me dejó en el puerto deportivo, casi enfrente de la hermosa fachada marítima que con sus miradores blancos encristalados se ha convertido en un icono de la ciudad. Me adentré en el barrio viejo y enseguida encontré la Plaza de María Pita, lugar emblemático dedicado a la heroína que defendió a la ciudad del ataque de los ingleses allá por el siglo XVI. En la plaza se encuentra el Ayuntamiento y también el restaurante que me habían recomendado para comer bien, el restaurante La Penela. Está situado en un edificio modernista en una esquina de la plaza y ofrece comida tradicional gallega, pero su aspecto elegante no correspondía con mi vestimenta, camiseta y pantalón de chándal, así es que opté por entrar en la Taberna del mismo nombre que está en la esquina de al lado. Allí, en un ambiente más popular, amable y familiar recuerdo que tomé una tortilla de patatas al estilo de Betanzos que estaba deliciosa.
Después de cambiarme de ropa en el hotel, dediqué parte de la tarde a pasear por la peatonal y comercial Calle Real y su entorno para después dirigirme al Teatro Colón, situado en la Avda. de la Marina en un espacio verde muy agradable al lado de los jardines de Méndez Núñez, en donde asistí a un concierto programado dentro del marco del Festival Mozart que se celebra en A Coruña todos los años durante los meses de mayo y junio. A la salida, caminé hasta la calle de la Franja, plagada de tascas y tabernas que por su marcado carácter turístico todavía permanecían abiertas algunas de ellas. Una vieira gratinada y una ración de pulpo a la gallega, regados ambos platos con un buen alvariño, colmaron mi apetito y pusieron punto final a mi visita a la ciudad de A Coruña.

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  1. Lola 4 años ago

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