Consejos para esquiadores principiantes

Todos los años por estas fechas los hogares y oficinas de todo el mundo están repletas de yesos y escalofriantes anécdotas de accidentes de esquí y snowboard. Pero siguiendo algunos simples consejos es posible mantenerse a salvo aunque se esquíe por primera vez.

Prepararse antes de irse a esquiar: según Ben Farley, profesor de esquí de la estación de Sainte Foy, en los Alpes franceses, “ocho de cada 10 personas sobrestiman su estado de forma. Especialmente los jóvenes. La primera mañana, tras unas cuantas horas, ya están totalmente exhaustos”. En ese momento es cuando hay más probabilidades de que se produzca un accidente o lesión. Jonathan Bell, de la Clínica Wimbledon, en Londres, recomienda entrenar de 6 a 12 semanas antes de practicar esquí, en función del nivel al que se pretenda esquiar. Lo ideal es adquirir una preparación cardiovascular básica y trabajar la fuerza, así como el equilibrio y la coordinación.

No consumir bebidas alcohólicas y beber mucha agua. La deshidratación es más rápida a 1.500 metros de altura.

Obedecer las normas para esquiadores: Las normas de conducta de esquí de la Federación Internacional de Esquí, que se pueden consultar en la Web www.fis-ski.com o en cualquier parte de la estación de esquí. Algunas son de sentido común, como: “un esquiador se debe comportar de tal modo que no ponga en peligro ni perjudique a los demás”, pero conviene recordarla, especialmente si nuestros amigos pretenden incitarnos a descender por una “sencillita” pista negra.

Ir poco a poco: los deportes de invierno son tan caros que es habitual sentir la necesidad de pasar cada minuto en las pistas, pero es mejor dosificarse. El primer día se aconseja esquiar, comer y luego descansar hasta el día siguiente. O desayunar tarde y esquiar a mediodía, cuando hay menos gente con la que chocar.

No salir de las pistas: esquiar entre los árboles puede ser peligroso; en caso de no poder resistirse, lo mejor es contratar un guía local.

Llevar casco protector: en caso de impacto, hay más probabilidades de sobrevivir o resultar ileso si se lleva casco. Las estaciones de esquí, generalmente, insisten en que los niños lleven casco, al menos durante las clases. Sus detractores afirman que puede proporcionar una falsa sensación de seguridad que anime al usuario a correr mayores riesgos, pero evitando esto, los expertos recomiendan su uso.

Utilizar la vista y el oído: mirar hacia arriba antes de lanzarse. Es asombroso la cantidad de gente que simplemente se lanza sin comprobar si se aproxima alguien hacia ellos descendiendo por la montaña. Es como cruzar la carretera sin ver si hay tráfico. También hay mucha gente joven que esquía llevando iPods, de modo que no pueden oír el ruido de los esquíes de los otros aproximándose.

Evitar ser una diana para otros esquiadores: los que están más abajo suelen tener prioridad sobre los que van detrás, pero no hay que usar eso como excusa para zigzaguear de un lado a otro de la pista, desorientando a los que pretenden adelantarnos. No debemos pararnos justo bajo la cima de una colina de modo que los otros nos encuentren de pronto en su camino. Y tampoco pararnos a charlar con otros compañeros en las zonas más estrechas y transitadas de la pista.

No confiar en la clasificación de la pista: en teoría, un descenso verde es más fácil que uno azul, éste es más sencillo que uno rojo y éste último, a su vez, más fácil que uno negro; pero solo en teoría. En la práctica, la gradación varía de una estación a otra; además, otros factores como la sombra, el viento o el número de esquiadores pueden alterar la clasificación. Lo mejor es visitar varias veces la misma estación para familiarizarse con sus pistas y ver los cambios que van experimentando a lo largo del día.

No comportarse como un crío: o mejor, o como un niño malcriado. Se dice que los hombres tienden a esquiar de forma más arriesgada que las mujeres. También se puede pensar que los hombres tienden a sobreestimarse y las mujeres a infravalorarse. Pero lo ideal de este deporte es que cada uno puede ir a su propio ritmo.

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Fuente: The Guardian Travel