Ansiedad en niños: Cómo transformarla y protegerlos de por vida

La ansiedad no tiene nada que ver con la fuerza, el coraje o el carácter de una persona. Escoge a un objetivo y va a por él. Cuando este objetivo es un niño o un adolescente puede ser particularmente angustiante, provocando problemas para dormir, comer, ir al colegio y molestias físicas como dolor de barriga o cabeza.  

Hablaremos de 7 técnicas para transformar a la Ansiedad y hacerles ver a nuestros hijos qué es realmente

ansiedad en niños

Dando la vuelta a la Ansiedad

1. Evita hablarles como si les pasara algo

 Tu tentación natural como padre es tranquilizar a tus hijos con comentarios suaves como “No hay porqué preocuparse” o “Vas a estar bien”. Sé que lo haces con buena intención pero corres el riesgo de que se sientan como si les pasara algo malo. La verdad es que cuando la ansiedad se apodera de ellos apenas pueden pensar en otra cosa. Por mucho que quieran creer en ti, su mente no se lo permite. Lo que necesitan saber es que vas a entenderlo.

Pregúntales qué es lo que sienten cuando les pasa eso. Pueden ser capaces o no de expresarlo -y eso está bien!. Luego, pregúntales si es “como la sensación que se tiene cuando olvidas que hay un escalón más” (o “cuando estás durmiéndote y sientes que te caes al vacío”). A menudo esto es un gran alivio para ellos porque sienten que alguien les -o lo- entiende.  

2. Normaliza

Explica que:

  • La ansiedad es normal y todo el mundo la experimenta en algún momento de su vida -antes de un examen, en una entrevista de trabajo, cuando conoce a gente nueva…
  • A veces sucede sin ninguna razón. Y eso también es normal. Le pasa a un montón de adultos y niños, pero hay cosas que se pueden hacer para que desaparezca.

3. Explícale por qué la ansiedad se siente como se siente

ansiedad en niños explicarles

Esta es la explicación más poderosa para una persona con ansiedad. Aquí hay una explicación para los niños. Se puede usar para diferentes edades, pero nadie conoce mejor a tu hijo que tú, así que adáptala si lo crees necesario.

“La ansiedad es algo que mucha gente siente pero es diferente para todos. Los adultos también la sienten. Esto pasa porque hay una parte de tu cerebro que piensa que hay algo de lo que te tiene que proteger. Y esa parte del cerebro se llama amígdala. No es muy grande y tiene la forma de una almendra. Se enciende cuando piensa que estás en peligro, por lo que realmente es como un guerrero que está ahí para protegerte.

Su trabajo es conseguir que estés preparado para luchar o huir de ese peligro. Si tu amígdala piensa que hay problemas, le dará inmediatamente a a tu cuerpo lo que necesita para estar fuerte y rápido. Inundará tu cuerpo con oxígeno, hormonas y adrenalina que serán el combustible que alimente a tus músculos para luchar o huir. Lo hace sin ni siquiera pensarlo. Sucede rápido y automáticamente.

La amígdala no se toma tiempo para comprobar nada. Es un hacedor y no un pensador -todo acción pero nada de pensamiento. Si hay algo peligroso -un perro del que tienes que escapar, una caída que debes evitar- la amígdala es súper útil para nosotros. Sin embargo, a veces la amígdala piensa que hay algo peligroso cuando en realidad no hay nada en absoluto.

¿Alguna vez te has hecho las tostadas un poco quemadas y has encendido la alarma de incendios? La alarma no puede ver la diferencia entre humo de un incendio o humo de una tostadora -y no le importa. Todo lo que quiere hacer es hacerte saber que puedes salir de allí. La amígdala funciona igual. No puede ver la diferencia entre algo que podría hacerte daño, como un perro salvaje, a algo que no lo hará, como ir a un colegio nuevo. A veces la amígdala incluso se enciende antes de saber para qué se ha encendido. Está siempre trabajando para protegerte -aun cuando no es necesario hacerlo. Es un hacedor, no un pensador, recuerda, y así es como te mantiene a salvo.

Si no necesitas huir o luchar por tu vida no hay nada que queme todo ese combustible -hormonas, oxígeno y adrenalina- del que la amígdala te ha inundado. Se acumula y esa es la razón por la que te sientes así cuando tienes ansiedad. Es como si no dejas de meter gasolina al depósito de un coche que nunca usas. Así que cuando la amígdala detecta una amenaza e inunda tu cuerpo de adrenalina, oxígeno y hormonas para luchar o huir pasa todo esto:

  • Tu respiración pasa de respiraciones lentas y profundas a rápidas y cortas. Tu cuerpo hace esto porque el cerebro le ha dicho que deje de usar el oxígeno para las respiraciones fuertes y lo envíe a los músculos para que puedan correr o luchar. Esto puede hacer que te sientas hinchado o que te cueste respirar. También puedes sentir cómo sube la sangre a tu cara y se calienta.
  • Si no luchas o huyes el oxígeno se acumula. Esto puede hacer que te sientas mareado o confundido. 
  • Tu corazón late más rápido para conseguir el oxígeno de todo el cuerpo. Esto puede hacer que te sientas como si estuvieras acelerado. 
  • El combustible es enviado a tus brazos -por si tienes que luchar- o a tus piernas -por si tienes que huir. Esto puede hacer que sientas tus músculos tensos y apretados. 
  • Tu cuerpo se enfría (se pone a sudar) para que no se sobrecaliente si tienes que luchar o huir. Esto puede hacer que te sientas sudoroso.
  • Tu sistema digestivo -parte del cuerpo que obtiene los nutrientes de los alimentos que comes- se apaga de manera que el combustible que necesita para digerir los alimentos puede ser utilizado en los brazos y las piernas en caso de luchar o huir (No te preocupes, no estará dormido por mucho tiempo). Esto puede hacer que sientas como si tuvieras mariposas en el estómago.
  • También puedes sentir como si fueras a vomitar y puedes notar la boca un poco seca.

Como puedes ver, hay muchas razones reales para que tu cuerpo se sienta así cuando tienes ansiedad. Todo es debido a tu amígdala -el feroz guerrero de tu cerebro- que trata de protegerte y preparar al cuerpo para luchar o huir. Es problema es que no hay nada por lo que luchar o huir. Pero no te preocupes, hay cosas que podemos hacer para arreglarlo”.

ansiedad en niños explicarles

4. Explícale que la ansiedad es común en niños y adultos

Aproximadamente 1 de 8 niños tiene problemas con la ansiedad -así que hazle saber a tu hijo que en su clase hay una gran probabilidad de que 3 o 4 niños saben por lo que está pasando y por lo que ha pasado antes.  

5. Dale un nombre

“Ahora que entiendes que tus sentimientos de ansiedad vienen del heroico guerrero de tu cerebro vamos a darle un nombre”.

Deja que tu hijo elija el nombre y pregúntales cómo se lo imaginan. Esto les ayudará a sentirse como que otra cosa es el problema, y no ellos. También lo normaliza. Ya no es ese algo sin nombre y sin cara que se interpone en su camino. Es una figura, con nombre y apariencia.  

6. Ahora ponle en situación

ansiedad en niños

“El problema con la ansiedad es que (el nombre que le haya puesto tu hijo, imaginemos Zep por ejemplo) es que Zep controla todos los tiros, pero sabemos que realmente el jefe eres tú. Necesitas hacerle saber a Zep que tú tienes el control y que él se puede relajar.

Cuando sientes ansiedad es porque Zep está tomando el control y se está preparando para protegerte. Él no piensa, simplemente salta y va a por ello. Lo que tienes que hacer es hacerle saber que estás bien.

La cosa más poderosa que puedes hacer para convertirte en el jefe de tu cerebro es respirar. Suena así de simple -y lo es. Parte de la razón de que te sientas así es porque tu respiración ha pasado de lenta y profunda a corta y rápida. Y este cambio de respiración desequilibra el oxígeno y dióxido de tu cuerpo. Una vez la tengas bajo control, Zep pensará que no hay nada de lo que protegerte y se relajará. Después dejarás de sentirte como te sientes”.  

7. Respiremos

“Respira profunda y lentamente. Aguanta la respiración 1 segundo entre la inhalación y exhalación. Asegúrate que el aire sube y baja en tu vientre- no sólo en tu pecho. Lo puedes ver porque tu vientre se incha. Hazlo de unas 5 a 10 veces. Practica antes de irte a la cama todos los días. Recuerda que Zep ha estado protegiéndote toda la vida así que necesitamos un poco de práctica para convencerle de que se relaje. Lo importante es que no dejes de practicar y verás como al fin esa parte de tu cerebro y tú acabaréis siendo amigos -pero llevando tú el control”.

Una buena forma de practicar es poniendo un juguete o estuche en el vientre de tu hijo cuando se acueste. Si el juguete sube y baja lo está haciendo perfecto.  

Papá, Mamá, no olvides que:

  • La ansiedad en niños es muy tratable pero se necesita tiempo
  • Explícale a tu hijo que su cerebro es tan inteligente y protector que necesitará de un poco de práctica para convencerlo de que sólo porque piense que hay problemas, no significa que los haya.

¡Seguid practicando y lo conseguiréis! El desarrollo emocional de nuestros hijos es tanto o más importante que cualquier otro ámbito. Ayudémosles a ayudarse.

No dudes en dejar tu comentario para compartir tus reflexiones o cualquier duda que tengas. Yo, como siempre, te espero en la próxima. Un gran saludo y un abrazo, Andrea. 

Seguir leyendo:

 

Andrea Méndez MolláAcerca de la autora de esta entrada

Andrea Méndez Mollá. Psicóloga y autora de diversos blogs orientados a la motivación, el liderazgo y la superación personal. Además, ofrece servicios de psicología a través de sus consultas online y siempre ha tenido una cosa clara: al lado del que sufre siempre debe haber alguien que ame.