Las pistas de aterrizaje mas peligrosas del mundo

Son las 10:45 de la mañana de un día nuboso y la tripulación del vuelo Druk Air KB205 se prepara para aterriza en el aeropuerto de Paro, Bhutan. De pronto, se oyen gritos de aviso alertándoles de que su ángulo de vuelo no es correcto y su velocidad de descenso es demasiado rápida. Realizan una serie de inclinaciones poco convencionales a derecha e izquierda a través de un estrecho paso entre laderas antes de centrar el avión y tocar el asfalto.

Lo sorprendente es que no se trata de una situación de emergencia, sino que es la descripción habitual de un aterrizaje en el aeropuerto de Paro, a 7.300 pies sobre el nivel del mar. Debido al valle estrechamente poblado en el que se encuentra el aeropuerto, rodeado de los picos dentados del Himalaya de 16.000 pies de altura, este drama se repite una y otra vez en cada vuelo.

Otro aeropuerto de difícil acceso es el de Toncontìn, en Tegucigalpa, Honduras. Al igual que el de Paro está rodeado de montañas y, además, el de Toncontìn cuenta con una de las pistas de aterrizaje de vuelos internacionales más cortas del mundo; de ahí que ambos requieran una serie de giros en el último momento.

Aunque Bhutan es el ejemplo más extremo (solo 8 pilotos están cualificados para aterrizar en Paro) hay una serie de aeropuertos en todo el mundo, desde St. Maarten en el Caribe a Madeira, en Funchal, que pueden presentar dificultades a los pilotos. “Muchos de estos aeropuertos requieren un entrenamiento adicional y un período de familiarización con la ruta”, señala un piloto comercial.

Según los expertos en aviación, entre los principales factores se encuentran la longitud truncada de la pista, raras condiciones meteorológicas y atmosféricas, peligrosas ubicaciones geográficas, demasiado tráfico aéreo o una combinación de las anteriores.

Otro aeropuerto delicado: el Reagan International Airport, en Washington, D.C. Y no por los extraños vientos del río Potomac o la presión de sentirse observado por las estatuas de los antiguos presidentes de los EEUU, sino por el exceso de edificios gubernamentales y espacio aéreo restringido, que hace que aterrizar allí sea como enhebrar una aguja con un trozo de metal de 200 toneladas.

De hecho, las ciudades suelen ser complicadas: durante 73 años el aeropuerto de Kai Tak en Hong Kong fue considerado el más aterrador del mundo. Su única pista se encontraba entre el Puerto Victoria y la densamente poblada Kowloon. Los pilotos debían hacer frente a los fuertes vientos transversales y realizar una complicada curva de aproximación, esquivando, al mismo tiempo, montañas y rascacielos. Kai Tak fue clausurado en 1998 y reemplazado por un gran aeropuerto moderno situado en una isla artificial en el mar del Sur de China. Sin embargo, no todas las ciudades cuentan con tantos posibles, y siguen funcionando con las instalaciones existentes.

La pista de aterrizaje de Matekane, en el pequeño reino africano de Lesotho, cuenta con una raquítica pista de 1.312 pies de largo al borde de un corredor a 7.550 pies. Según el célebre piloto Tom Claytor, dependiendo del viento que haga durante el despegue, es perfectamente posible que el avión no se encuentre todavía en el aire al llegar al final de la pista.

Fuente: Travel and Leisure