Como organizar un viaje romántico

Nos acercamos al día de San Valentín, así que resulta la ocasión perfecta para organizar una escapada romántica con su pareja. Aquí ofrecemos unos consejos para asegurar el éxito de un viaje romántico y para que vuelvan más enamorados que nunca.

Cómo organizar un viaje romántico

Evitar los sitios visitados con parejas anteriores
Cuando se llegue a un sitio realmente agradable, es importante no mencionar que recordamos haber estado allí con un amor anterior – no resulta nada romántico compartir un lugar especial con la fantasma de una relación rota. Cuando estamos enamorados nos gusta la exclusividad.

El dinero no puede comprar el amor, pero sí ayuda
Decir que vamos a París es una cosa y decir que hemos encontrado un conductor polaco que nos lleva hasta allí vía Cracovia por 10€ es otra muy distinta. Hay que recordar que el trayecto es la parte más romántica del viaje; una vez allí habrá que recorrer las galerías de arte pasando frío y hambre. Una buena idea es comprar champán para tren, coger taxis y acurrucarse.

Solteros, no pensar en el matrimonio
Dejar de especular acerca de los sitios en los que puede surgir la petición de mano. Es aconsejable aparcar ideas relacionadas con la vida convencional y asuntos tan mundanos como el matrimonio a favor de vivir unos días mágicos.

Casados, no pensar en los hijos
Bueno, pensar sí porque para la mayoría de madres sobre todo, lo contrario sería imposible. Pero evitar hablar de ellos y tampoco es necesario llamarles varias veces al día o mandarles mensajes por el teléfono cada dos por tres. Ya nos ocuparemos de ellos cuando volvamos. Ahora es el momento para disfrutar de su pareja.

Procurar no aprovechar el viaje para practicar un idioma
Cuando se intenta ser romántico hay que centrarse únicamente en la otra persona. Si uno de los dos está hablando continuamente con taxistas, camareros y demás extraños y el otro no entiende ni una palabra, sentirá que está en otras vacaciones totalmente aparte.

Conversar sobre temas intrascendentes
Dos días son mucho tiempo, pero todo irá bien, mientras no hablemos del trabajo, la familia, los amigos, el fútbol, los gatos, la comida, la comedia, la política o la Navidad. Lo mejor es hablar de cosas triviales y, en caso de duda, besarse.