¿Cómo nos hace infelices Facebook?

La infelicidad de Facebook  

Nadie se registra a Facebook para estar triste y solitario. Pero un reciente estudio del psicólogo Ethan Kross de la Universidad de Michigan afirma que así es precisamente como nos hace sentir.la infelicidad de facebook A lo largo de 2 semanas Kross y sus colegas enviaron mensajes de texto a 82 residentes de Ann Arbor (una ciudad de Michigan) 5 veces al día. Los investigadores querían saber:

  • cómo se sentían los sujetos en general, 
  • lo precupados y solitarios que eran, 
  • cuánto habían utilizado Facebook, 
  • y la frecuencia con que habían tenido interacción directa con otros desde el mensaje de texto anterior. 

Kross encontró que las personas cuanto más usaban Facebook entre el transcurso de tiempo de los 2 mensajes, menos felices se sentían. Y su nivel de satisfacción general disminuyó desde el inicio del estudio hasta el final.

Los datos, tal y como comenta Kross, “muestran que Facebook les estaba haciendo infelices”

El resto de investigaciones acerca de la naturaleza alieante de Internet -y Facebook en particular- apoya la conclusión de Kross. 

Facebook, ¿nos hace sentir más solos y envidiosos?

En 1998, Robert Kraut, investigador de la Universidad Carnegie Mellon, encontró que las personas, cuanto más usaban Internet, más solitarios y deprimidos se sentían. A partir de que la gente se conectara por primera vez, su sentido de felicidad y conectividad social se redujo, durante 1 o 2 años, en función de la frecuencia con la que usaban Internet.

Otro grupo de investigadores sugieren que la envidia también se ve aumentada por el uso de Facebook. Cuanto más tiempo dedique la persona a navegar por el sitio, sin crear activamente contenido y comprometerse con él, más envidia sentirá.

El efecto, sugiere Hanna Krasnova y sus colegas, es el resultado del fenómeno de psicología social: la comparación social. Y éste se agrava aún más debido a la similitud general de los usuarios de sus redes sociales con ellos mismos: el punto de comparación es con amigos/compañeros afines por lo que ver los logros de los demás duele aún más. 

¿Facebook adictivo?

facebook crea adicción

La psicóloga Beth Anderson y sus colegas argumentan  que usar la red social puede convertirse rápidamente en algo adictivo. Que viene acompañado de una molesta sensación de negatividad que puede conducir al resentimiento con la red social, pero que a la vez son algunas de las mismas razones por las que nos unimos a ella. 

Queremos aprender de otras personas y tener a otros que aprendan acerca de nosotros, pero a través de ese proceso de aprendizaje podemos empezar a resentirnos por las vidas de otros y la imagen de nosotros mismos -la cual sentimos que necesitamos mantener continuamente.

“Puede que la misma cosa que la gente encuentra atractiva es lo que, en última instancia, encuentran repelente”,

dijo el psicólogo Samuel Gosling, cuya investigación se centra en el uso de las redes sociales y las motivaciones detrás del compartir. 

Resultados que muestran todo lo contrario: Facebook nos hace más felices

Los argumentos contrarios son igualmente interesantes. En 2009 Sebastián Valenzuela y sus colegas llegaron a la conclusión opuesta de Kross: el uso de Facebook nos hace más felices. También encontraron que aumenta la confianza social y la participación, e incluso fomenta la participación política.

 Los hallazgos de Valenzuela encajan perfectamente con lo que los psicólogos sociales han sabido durante tanto tiempo acerca de la sociabilidad. Tal y como Matthew Lieberman argumenta en su libro “Social: por qué nuestros cerebros están diseñados para conectarse”, las redes sociales son una manera de compartir, y la experiencia exitosa de compartir viene con tintes psicológicos y fisiológicos que son a menudo auto-refuerzos. 

La presencia constante de los medios sociales tiene como resultado un cambio en nuestra forma de ver y leer: pensamos cómo compartiremos algo, con quién y cómo lo vamos a hacer.

La simple idea de compartir éxitosamente algo activa nuestro procesamiento de recompensas incluso antes de que realmente lo hayamos compartido. 

La conexión virtual social también puede actuar como un amortiguador del dolor y el estrés. En un estudio del 2009, Lieberman y sus colegas demostraron que un estímulo doloroso duele menos cuando la sujeto está cogiendo la mano de su novio o está viendo su imagen. De alguna manera, la distancia y la obligación a imaginar una representación mental en lugar de vivir una real tiene un efecto anestésico. 

La clave para entender por qué es…

Que tantos estudios  lleguen a conclusiones tan distintas sobre los efectos de Facebook en nosotros puede residir simplemente en observar qué hace la gente cuando está en Facebook.

“Lo que lo hace complicado es que Facebook sirve para un montón de cosas distintas -y diferentes personas lo usan para diferentes subconjuntos de esas cosas. Y no sólo eso, ellos también están cambiando esas cosas debido a que ellos cambian”, indica Gosling. 

Un estudio de 2010 de la Carnegie Mellon encontró que cuando la gente participa en la interacción directa con otros -publicar en sus muros, mandar mensajes, darle al me gusta- el sentido de unión y sociabilidad aumenta mientras que el sentido de soledad y tristeza disminuye. Pero cuando los participantes simplemente consumen un montón de contenido pasivamente -observando que publican los otros, sin interactuar- Facebook tuvo el efecto contrario: sus sentimientos de conexión disminuyeron y su sentido de soledad aumentó. 

Efectos físicos de usar Facebook

efectos físicos de facebook

En un experimento no relacionado de la Universidad de Missouri, un grupo de psicólogos encontró una manifestación física de estos mismos efectos.

Mientras los participantes navegaban por Facebook, 4 electrodos colocados justo por encima de sus cejas y justo por debajo de sus ojos registraron sus expresiones faciales en un procedimiento conocido como electromiografía facial. Cuando los sujetos se dedicaban activamente a Facebook, su respuesta fisiológica medía un repunte significativo de felicidad. Cuando navegaban pasivamente, sin embargo, el efecto positivo desaparecía. 

Esto se alinea con la investigación llevada a cabo a principios de este año por John Eastwood y sus colegas en la Universidad de York en un meta-análisis de aburrimiento. 

¿Qué hace que nos sintamos aburridos y, como resultado, infelices? 

¡¡Atención!!

Cuando nuestra atención está activamente comprometida no nos aburrimos; cuando no somos capaces de participar sí que nos aburrimos. 

Tal y como el trabajo de Eastwood presumía, junto con lo que la investigación reciente de la multitarea en los medios sociales ha ilustrado, a mayor número de cosas que prestemos atención, menos participación significativa, y por tanto más descontentos estamos.  

Ser activo vs. Ser pasivo

En otras palabras, el mundo de la conectividad y comunicación constante, encarnado entre otros por Facebook, es el peor enemigo de las relaciones sociales.
En cada estudio que distingue los 2 tipos de experiencia en Facebook -pasiva vs. activa- la gente pasa, de media, más tiempo navegando de forma pasiva que participando activamente con el contenido. Aquí quizá resida la razón de porqué en algunos estudios como los de Kross muestren tan a menudo resultados nocivos para nuestro estado emocional.
La demanda de nuestra atención nos lleva a utilizar Facebook de una forma pasiva más que activa; y las experiencias pasivas, ya sea en Facebook, Twitter o cualquier medio social, se traducen en sentimientos de desunión y aburrimiento. 
En una investigación el psicólogo Timothy Wilson ha aprendido, como él mismo indica, que los estudiantes universitarios se ponen “como locos” sólo pocos minutos después de encerrarles en una habitación sin sus teléfonos ni ordenadores.
“Uno pensaría que podríamos pasar el tiempo entretetiéndonos mentalmente nosotros mismos”, dice. “Pero no podemos. Hemos olvidado cómo hacerlo”
Cada vez que tenemos un rato libre, Internet es una solución atractiva que llena rápidamente nuestro vacío. Nos aburrimos, miramos Facebook o Twitter, y terminamos más aburridos aún. Deshacerse de Facebook no cambiará el hecho de que nuestra atención, cada vez más a menudo, olvide el camino del compromiso. Y en ese sentido, Facebook no es el problema. Es el síntoma. 

Yo, como siempre, te espero en la próxima. Un gran saludo y un abrazo, Andrea. 

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2 Respuestas

    • Andrea Méndez Mollá 2 años ago

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