Su identidad propia en la tercera edad

Estamos cerca del final de estos blogs sobre envejecer, hemos explorado algunas de las maneras para tratar con ello. En uno de mis blogs comente que a veces casi no reconocemos a la persona en la que nos hemos convertido cuando nos miramos en el espejo y ya no vemos la cara que una vez tuvimos. Bien, no podemos hacer nada pero podemos decirnos que somos la misma persona que antes. Sigues siendo el mismo.

Nos engañamos que no es así. ¿Olvidas los nombres? Quizás no es nada nuevo – ¡igual siempre has tenido este problema! ¿Tienes problemas cuando escribes en el teclado del ordenador? También igual eras así antes. Te cuesta subir una cuesta – ¿desde cuando has sido un deportista?. Tienes que usar el corrector alfabético con el ordenador? Seas sincero – nunca fuiste tan bueno deletreando. Tardas mas aparcando el coche? Tampoco aparcar fue tu talento oculto.

Envejecer enfatiza características que ya existían y nos marcan como la persona que fuimos y que siempre seremos. Las cosas pueden ser diferentes, la velocidad de nuestras vidas ha cambiado y tu mente no es tan ágil como antes; es un nuevo escenario, pero la drama de tu vida sigue. Este persona mayor que eres es la misma que antes.

Quizás no tan guapo como antes, un poco encogido y arrugado. A veces te sientes como un extraño contigo mismo y quizás para los demás. La gente que no te han visto durante un tiempo se quedan sorprendidos – me paso recientemente. Después de no habernos visto durante unos años un amigo mío me dijo ‘no pareces el mismo’ Por supuesto que. Pero todavía soy yo.

Y es así.

Bryan