Mi hijo es un vago

Sí, mi hijo es un vago. Esa vitalidad y energía que caracteriza a los chavales antes de que cumplan los doce-trece años, se va perdiendo para algunos conforme entran en la adolescencia. Mi hijo Quique es uno de esos. Los días que no tiene que ir al colegio intenta levantarse lo más tarde que puede (si nos descuidamos eso pueden ser las doce o más del mediodía), regateando hasta el último minuto en la cama. Desayuna plácida y tranquilamente para ir directo al sofá y encender la TV. Allí también recupera rápidamente la “posición horizontal”. Una llamada de atención y va a la ducha a desgana para eternizar plácidos momentos de mirarse al espejo.

A partir de este momento todo será una lucha durante todo el día para que recupere la posición vertical, tan ganada a pulso por homo sapiens. Sin embargo, el homo desidiosus adulescentis no ceja en su empeño y se vuelve a tender en su cama con la ipod, la PSP o su ordenador portátil. Cualquier invitación a salir fuera o realizar alguna actividad (compras, andar, hacer ejercicio…) es respondida con una negativa de una víctima a la que se obliga a hacer un gran sacrificio. Si fuera por él se quedaría 24 horas en la cama.

Los adolescentes y su vagancia

Esta actitud que es extensible a muchos adolescentes acaba afectando a la marcha de sus estudios. Buenos estudiantes pre-adolescentes se convierten en perezosos y empiezan a tener serios problemas para superar el curso. A veces también desembocan en depresión juvenil, sobrepeso, etc .

Algunos especialistas creen que esta actitud de pasividad, pereza y vagancia se debe al “miedo de los principiantes a cometer errores”. Ello les refugia en una actitud psicológica pasiva y inhibidora. Los adolescentes tienen un cuerpo de adulto y un cerebro de niño. Generalmente no desarrollan una memoria de razonamiento, lógica, de planificación y de trabajo hasta que no alcanzan los 17 años. Esto les propicia en parte que parezcan perezosos, cuando en realidad todavía no tienen los “recursos” necesarios para comportarse como adultos.

Los expertos dicen también que el entorno urbano ha agravado estas tendencias juveniles. En el campo su rápida incorporación a los trabajos y tareas propias del medio rural neutralizaban cualquier tipo de pasividad de forma natural. TV, Internet, Ipod, PSP, Play Station, etc. parecen echas a medida de los adoslecentes a la hora de incentivar su pasividad y pereza.

Mi hijo es un vago: qué hacer en estos casos

Con vistas a compartir e intercambiar experiencias, recogemos ideas de padres y otros expertos con el propósito de que se vayan incrementando con vuestras aportaciones.

  • Alistarlo a que haga deporte (un gimansio, un equipo, etc). Es muy importante que esté en buena forma física y que esto contribuya a neutralizar tendencias perezosas. El problema será vencer la barrera inicial. Para esto es importante contar con un aliado o aliada, hermano, amigo, etc, que ya realice esta practica y lo introduzca de forma envolvente en el ginmasio o equipo deportivo.
  • Actividades escolares, relaciones sociales con gente de un entorno activo en materias interesantes para su edad. Si está bien integrado en el colegio es la foma “natural” de hacerle que partícipe en deportes u otras actividades y supere fácilmente su pasividad y vagancia.
  • Limitar el uso y tiempo dedicado a juegos y gadgets electrónicos (Play station, PSP, ordenador, etc). Algunas investigaciones muestran respuestas distintas en cerebros de adolescentes y de adultos, con perjuicios para los primeros.
  • Darle confianza en sí mismo a la hora de tomar iniciativas que le gustan y son saludables.
  • Intentar que progresivamente vayan comprendiendo el valor del tiempo (la necesidad de no perder el tiempo y aprovecharlo bien)

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12 Respuestas

  1. Anónimo 4 años ago
  2. Gloris 4 años ago
  3. Anónimo 7 años ago
  4. alexisystem 7 años ago
  5. Anónimo 8 años ago
  6. era bago 8 años ago
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  8. Anónimo 8 años ago
  9. Anónimo 9 años ago
  10. Anónimo 10 años ago
  11. Anónimo 11 años ago
  12. Jan 12 años ago

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