China y Estados Unidos: la guerra comercial del siglo XXI

Es difícil tener una alianza comercial a la vez con China y Estados Unidos… y aún más complicado adivinar las exigencias de cada uno de ellos: ambos buscan mercados donde vender sus productos.

China ofrece financiación y Estados Unidos su mercado doméstico.

La partida de ajedrez de los tratados comerciales se encuentra en un momento crucial.

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Qué es un tratado comercial internacional

Por definición, un tratado de libre comercio consiste en un acuerdo comercial regional o bilateral para ampliar el mercado de bienes y servicios entre los países participantes.

El objetivo principal es promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio mediante la eliminación total de las barreras aduaneras.

Además, trata de proteger los derechos de propiedad intelectual (patentes, derechos de autor y marcas comerciales), incentivar la inversión transfronteriza y homogeneizar las condiciones laborales y del medio ambiente.

¿Por qué se promueven?

Porque nos encontramos en una situación de exceso de oferta y escasez de demanda.

Se firman estos acuerdos para intentar entrar en nuevos mercados en condiciones más favorables.


¿A quiénes benefician estos acuerdos?

En general, beneficia a las grandes multinacionales que tienen capacidad para expandirse a nuevos mercados y lograr economías de escalas que mejoren su rentabilidad.

¿A quienes perjudica?

Suele perjudicar a las pequeñas y medianas empresas porque no pueden competir en precio con las grandes multinacionales.

¿Hay sistemas correctores?

En teoría, deberían funcionar dos sistemas correctores:

  • La homogeneización de las condiciones de los mercados de trabajo, de forma que los trabajadores puedan beneficiarse de un mayor mercado laboral disponible (requiere cierta cercanía geográfica).
  • El sistema fiscal como mecanismo de redistribución de la riqueza.

¿Por qué fallan los acuerdos comerciales?

Porque fallan los dos sistemas anteriores:

  • Las multinacionales tienden a localizar sus centros de producción en aquellos lugares en donde es más barata la mano de obra y los trabajadores tienen menos derechos sociales (por ejemplo, el sudeste asiático).
  • Las multinacionales cada vez pagan menos impuestos porque desvían sus beneficios hacia jurisdicciones de baja tributación y nula transparencia, como los paraísos fiscales.

El resultado es que la clase media pierde numerosos puestos de trabajos, baja su nivel adquisitivo y cada vez pagan más impuestos para sostener un estado de bienestar de peor calidad e insostenible bajo estas condiciones.

 

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El detonante: Donald Trump

Estados Unidos y China venían desarrollando estrategias diferentes en los últimos años:

  • EEUU firmando numerosos acuerdos comerciales que trataban de excluir a China del comercio internacional.
  • China comprando activos (empresas) directamente en sectores estratégicos y financiando de forma indirecta los déficit públicos de la mayoría de los países desarrollados (acumulación de riqueza).

Pero la llegada de Donald Trump a la presidencia ha puesto “patas arriba” la posición de Estados Unidos en esta partida de ajedrez.

Trump ha prometido dilapidar numerosos acuerdos comerciales internacionales y firmar acuerdos bilaterales solo con los países que le interesen, ofreciendo a cambio la entrada a su mercado doméstico, el más grande del planeta (por ahora).

Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA)

El NAFTA entre Estados Unidos, México y Canadá entró en vigor el 1 de enero de 1994.

Tras más de 20 años, Trump quiere mantener una alianza con Canadá, pero le sobra México.

Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP)

El TPP fue uno de los temas centrales en materia de comercio exterior del gobierno de Barack Obama.

Tras 7 años de negociación, este acuerdo trataba de aumentar la presencia de Estados Unidos en una de las zonas económicas más dinámicas del mundo y, al mismo tiempo, prevenir un vacío en la región que pudiera ser llenado por China.

EEUU firmó su adhesión al TPP el 4 de febrero de 2016 junto a Australia, Canadá, Japón, Malasia, México, Perú y Vietnam, uniéndose a los países fundadores Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur. Un mercado de 800 millones de habitantes que representan el 40% de la economía mundial.

Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP)

Las consecuencias de la crisis financiera (austeridad, desempleo) y el Brexit han colocado a la Unión Europea en una encrucijada.

Las elecciones en 2017 en países tan importantes como Alemania, Francia y Holanda hacen totalmente imprevisible el futuro del mercado único europeo e incluso la supervivencia del euro.

Según Ted Malloch, posible futuro embajador de Donald Trump ante la Unión Europea, el TTPI “está muerto“.

Personalmente, no creo que haya una Unión Europea con la que negociar el libre comercio.

 

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La estrategia de China

A río revuelto, ganancia de pescadores

De repente, China ha pasado de un proteccionismo a ultranza a defender el libre comercio.

Tras la firma de Donald Trump de la orden ejecutiva para iniciar el proceso de salida del TPP, China lo ha calificado como vacío de liderazgo y se ha posicionado para ocuparlo.

Y sabe cómo hacerlo: invirtiendo y colonizando. En octubre de 2016 anunció la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (Asian Infrastructure Investment Bank, o AIIB por sus siglas en inglés).

Muchos expertos lo han calificado como “el rival chino al Banco Mundial“.

Y más curiosa ha sido la reacción de algunos “aliados tradicionales” de Estados Unidos. Reino Unido fue el primer país occidental en convertirse en un miembro fundador de esta nueva institución entidad, y a finales de enero de 2017 se anunció que Alemania, Francia e Italia también querían integrarse al AIIB.

Un ejemplo importante de la nueva estrategia de China es la construcción de la denominada Nueva Ruta de la Seda, un corredor económico que trata de unir la región occidental de China con el Mar Arábigo y el Océano Índico a través de Pakistán.

 

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La posición de México

La realidad actual es que Estados Unidos compra en torno al 80% de las exportaciones de México, pero también es el segundo mercado internacional más importante para las exportaciones estadounidenses.

Según los expertos en comercio, si se rompiese el NAFTA, el comercio entre México y Estados Unidos se regularía por las normas de la Organización Mundial del Comercio, estimando una subida del 3% de los aranceles para la importación de los productos mexicanos en los Estados Unidos.

Los expertos opinan que “este aumento no sería tan significativo como para disuadir el comercio“.

Además, México forma parte de otras dos alianzas comerciales importantes: el citado TPP y la Alianza del Pacífico, con economías muy interesantes como Chile, Colombia y Perú.

 

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Y ahora qué

Siempre la solución fácil y cortoplacista es “echarle la culpa a otro“… al de fuera. Y, por este motivo, abundan y progresan los movimientos nacionalistas en todo el mundo bajo la premisa “lo mío, primero“.

Es razonable que cada economía revise sus acuerdos comerciales porque es probable que no sean válidos o beneficien a unos pocos en detrimento de muchos, pero una estrategia de proteccionismo a ultranza no es nunca beneficiosa a largo plazo, y menos aún cuando se basa en la protección de sectores que no son competitivos mediante subsidios por motivos políticos.

Hay dos grandes problemas que la comunidad internacional no se atreve a abordar:

  • La homogeneización de las condiciones del mercado laboral.
  • La homogeneización fiscal tanto a nivel comercial como financiero, con la consecuente desaparición de los paraísos fiscales.

Mientras no se articulen los mecanismos necesarios para igualar las condiciones competitivas, es difícil que funcione ningún acuerdo internacional. Todo son soluciones cortoplacistas.

En coyunturas de escasez de recursos como la actual -y, probablemente, mucho años más- son necesarias estrategias sólidas a largo plazo bajo el enfoque “ganar ganar” (win win). 

Esto no es fácil y requiere mucho esfuerzo y empatía por parte de los políticos, pero aquellos que lo consigan tendrán una importante ventaja comparativa frente al resto.

Y ya no hay segundas oportunidades.

 

Fuentes: United States Census Bureau, New York Times