| Desde hace
una década se escribe, se estudia y se habla mucho en todo el mundo sobre
la Empresa Familiar. Artículos periodísticos de firmas especializadas,
seminarios sobre el tema, cátedras, ponencias, reuniones, incluso Congresos,
se anuncian, se difunden y hacen que la Empresa Familiar esté de plena
actualidad. . Los más prestigiosos bufetes de abogados tienen su departamento
especializado en el tema y se ofrecen como expertos asesores para resolver los
posibles conflictos que la E.F. genera o puede generar ante el reto que siempre
plantea la sucesión del fundador. Y es que las estadísticas
son realmente preocupantes: El 70% de los negocios familiares desaparecen
después de la muerte del fundador y sólo entre el 9 y el 15% consiguen
llegar a la tercera generación. En todo ese agobiante mundo de estudios
y de información, - generalmente rigurosos y acertados-, se echa de menos
la voz de los protagonistas, la voz de quienes deben tomar la iniciativa en los
momentos vitales para el futuro del proyecto que nació de una idea, de
una iniciativa personal, que más tarde se desarrolló a fuerza de
empeño y riesgo personal y que llegó a buen termino gracias a sinsabores,
esfuerzos titánicos y sufrimientos sin fin. Quede claro, que a través
de la serie de análisis y de reflexiones personales que voy a tratar de
transmitir, sólo pretendo aportar, desde la otra orilla, desde la experiencia
personal, un punto de vista que complete a tantas y tan interesantes opiniones
y teorías que tratan de dar respuesta a los complejos problemas que presenta
la E.F. a la hora de la sucesión del líder.. Eso sí, declarándome
de antemano no-fundamentalista en los principios y sí tratando de ser objetivo
y realista en mis opiniones. Conste que no pretendo convencer a nadie, porque
entre otras cosas no soy un estudioso ni un técnico en la materia. Mi única
voluntad es añadir un punto para la reflexión basado en mi experiencia
personal. Huyo de las verdades absolutas, que los hombres se empeñan en
formular, porque humildemente creo que no existen en ningún nivel. Creo
en la libertad como una de las grandezas del hombre y, dentro de ésta,
en la libre opinión y, por consiguiente, el respeto a la opinión
ajena. Esto es especialmente relevante cuando nos referimos a temas que afectan
a la familia donde los puntos de vista pueden ser tan dispares como lo son entre
sí los miembros que la integran. Escribiré sustentado en
experiencias vividas en mis propias carnes y en otras en las que he sido testigo
de excepción o confidente de quienes sufrieron episodios familiares que
marcaron sus vidas para siempre. Por último he constatado mis opiniones
con asesores de la E.F. con un largo currículo y que, como espectadores
de excepción, han validado mis experiencias como muy frecuentes en el mundo
de los conflictos que engendra la Empresa por el hecho de ser eso: Familiar.
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