Una visita a la Universidad de Salamanca

La Universidad de Salamanca es la más antigua de España y una de las primeras creadas en Europa. Data del año 1218, cuando las escuelas catedralicias, que eran aulas de estudio para los clérigos, tomaron el rango de Estudio General para después convertirse en Universidad en el año 1254. Su historia y su prestigio me motivaron a realizar una visita a alguno de sus emblemáticos edificios durante mi estancia en la ciudad.
Comencé el recorrido por el Colegio Mayor Fonseca, que es el único que se conserva de los cuatro Colegios Mayores que había en Salamanca en el siglo XVI. Fue fundado en 1519 por el arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca, para dar cobijo a los estudiantes gallegos y actualmente se utiliza como residencia de postgraduados y de profesores visitantes. Lo más interesante del edificio es su gran patio central en torno al cual se distribuyen sus dependencias y la capilla, con su ábside de planta cuadrada y un bonito retablo de Alonso Berruguete.
Después me dirigí al edificio principal de la Universidad, el de la fachada plateresca, el llamado de las Escuelas Mayores y en donde se encuentra la biblioteca, la capilla y el paraninfo. Había elecciones a representantes en el claustro universitario y el paraninfo estaba totalmente ocupado por las mesas electorales en pleno proceso de votación. ¡Qué contraste! En ese mismo sitio se había producido el 12 de Octubre de 1936, durante el Acto de Inauguración del Curso, el famoso incidente entre el general Millán Astray y el rector Unamuno en el que se oyeron gritos de: ¡viva la muerte!, ¡muera la inteligencia!, a los que el rector contestó con unas palabras que se pueden resumir en “venceréis, pero no convenceréis”. Unamuno, confinado en su casa, murió el 31 de diciembre de ese año. También en ese mismo sitio, el 8 de mayo de 1954, se había investido doctor “Honoris Causa” al general Franco, título que le fue rechazado por el gobierno de la Universidad el 30 de abril de 2008. Lo que no ha rechazado ni retirado el Ayuntamiento es el medallón del general que está en la Plaza Mayor junto a reyes y conquistadores. Eso sí, lo han cubierto con un plástico transparente para que no se manche con las pintadas y lanzamientos de huevos que de vez en cuando parece ocurrir.
A la salida del edificio me entretuve un rato mirando la fachada intentando localizar entre tanto adorno plateresco a la famosa rana, pues se dice que el estudiante que no la localiza antes de examinarse, seguro que suspende y como uno, aunque mayor, siempre tiene alguna asignatura pendiente por aprobar, por si acaso no me marché de allí hasta que la encontré.
Pasé por delante del Rectorado y de la estatua de Fray Luis de León para dirigirme a las Escuelas Menores. Allí, en una dependencia bastante bien habilitada, se encuentra “el cielo de Salamanca”, una bóveda pintada por Fernando Gallego, pintor ¿salmantino? de finales del siglo XV, en la que están representadas diversas constelaciones del firmamento. Originariamente la pintura estaba en la bóveda de la antigua biblioteca de la Universidad, lo que hoy es la capilla. La penumbra en la que está envuelto el local invita a contemplar durante un buen rato y en silencio el “cielo” tenuemente iluminado.
Me quedaba por visitar el lugar donde parece que empezaron a impartirse las primeras clases, el claustro de la Catedral Vieja. Para ello tuve que acceder a la Catedral Nueva y desde allí, al claustro, pasando antes por la catedral románica que está totalmente pegada a la catedral llamada nueva porque comenzó a edificarse en el siglo XVI. Del claustro primitivo no queda casi nada, pero allí está la capilla de Santa Bárbara en cuya entrada hay una placa recordando que en esa capilla se proclamaba al rector de la Universidad, que por cierto hasta el siglo XVIII podía ser un estudiante. También allí se hacían los exámenes de doctorado. El aspirante pasaba 24 horas encerrado preparándose los temas que después tenía que defender ante un tribunal. Si aprobaba salía del claustro por la puerta principal de la catedral, recibiendo todos los parabienes de amigos y compañeros. Si suspendía salía por la puerta de atrás, llamada puerta de los carros, sólo y humillado.
Yo salí de la catedral con hambre y cansado así es que, cerrando el recorrido y después de asomarme al rio Tormes, me dirigí para reponer fuerzas al restaurante Plaza 23 en la Plaza Mayor donde comí media ración de jamón ibérico y un solomillo de ternera, que estaba riquísimo, mientras observaba desde el balcón del restaurante el trasiego de gentes por la bonita Plaza Mayor de Salamanca.

One Response

  1. Blanca 7 años ago

Añadir Comentario