Navarra. Orreaga/Roncesvalles

Estando en Iraizotz, en el valle de Ultzama, decidimos hacer una excursión a Roncesvalles. Salimos de Iraizotz hacia el norte buscando la nacional 121a para después bajar un poco hacia Pamplona y coger una carretera local, la NA-2520 que discurriendo sinuosamente entre lomas y prados comunica dos valles contiguos. El paisaje es muy bonito, sobre todo la vista de los pueblos de Iragi y de Urtasun, cuando ya desciende la carretera y busca el enlace con la N-135. Llegamos a Roncesvalles a media mañana.
Roncesvalles es un enclave religioso-asistencial construido a finales del siglo XII y principios del XIII gracias al impulso del obispo de Pamplona y del rey Alfonso I El Batallador. Está situado en un llano, cerca de la frontera francesa y del lugar donde tuvo lugar la famosa batalla en la que fue derrotado Carlomagno y en la que murió su lugarteniente Roldán. La misión del enclave era la de atender, como albergue-hospital, a los viajeros que venían de Francia en peregrinación a Santiago de Compostela para visitar el sepulcro del apóstol.

Roncesvalles es un conjunto arquitectónico desarrollado en torno a la colegiata de Santa María, bello ejemplo del gótico francés, con un claustro cisterciense del siglo XVII que sustituyó al claustro primitivo que se hundió en el año 1600 por el exceso de nieve en su tejado. Desde el claustro se accede a la capilla de San Agustín donde está el sepulcro de Sancho VII el Fuerte, cubierto con una losa en la que está esculpida su figura y que si es cierto que el escultor reprodujo fielmente al monarca, podemos asegurar que era tan alto como dicen los escritos. Otra construcción interesante es la iglesia de Santiago, en estilo gótico primitivo, donde se conserva una campana con cuyo tañido se orientaban los peregrinos en días de niebla. Otro edificio alberga el Museo-Biblioteca, cuyas joyas más preciadas son el llamado ajedrez de Carlomagno y una esmeralda que según parece arrebató el rey Sancho VII al rey moro en la batalla de las Navas de Tolosa.
El silo de Carlomagno o capilla de Santo Espíritu es una construcción del siglo XII que se ha utilizado desde siempre como sitio de enterramiento de las gentes allí fallecidas.

De hecho te enseñan bajo la capilla un gran osario con lo que dicen son los huesos de los peregrinos muertos allí. Un poco desagradable, la verdad. El caso es que al preguntar a quienes entierran en ese edificio nos contestaron que solo tienen derecho a ser enterrados los empadronados en Roncesvalles, 24 personas según el último censo, que deben ser seguramente algunos de los que atienden los servicios del lugar y los frailes que todavía quedan por allí.
Además de estos edificios está el Albergue de peregrinos, un hotel y un bar-hostal. No hay casas como las que encuentras en cualquier pueblo pero si hay muchos turistas lo que te provoca la sensación de que el punto de partida en suelo español del camino de Santiago se ha convertido en un enclave turístico. A la hora de comer empezaron a llegar algunos peregrinos y muchos turistas y los pocos bares de la zona se llenaron al instante por lo que decidimos salir de Roncesvalles, dar la vuelta y parar en Burguete, un bonito pueblo situado a poco más de 3 Km. donde nos dieron de comer divinamente en el restaurante Loizu, después de lo cual iniciamos el regreso a Iraizotz, esta vez por una ruta más cómoda siguiendo la carretera nacional.

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