El expreso de La Robla IV. Espinosa de los Monteros-Bilbao

El tren no se puso en marcha. A las 8h sonó la campanilla y sin prisas ni traqueteos hubo tiempo para levantarse y asearse. Durante el desayuno se notaba el talante más relajado en la mayoría de los viajeros. No sé si porque habían dormido mejor o porque había sido la última noche a pasar en el tren. El que algún viajero comentara que ya había empezado a hacer el equipaje me hizo dudar. Yo, por cierto, esa noche dormí de maravilla.
A las 9,30h viajamos en el autobús a Medina de Pomar. Localidad situada en el centro de la comarca de las Merindades en el norte de la provincia de Burgos y considerada como la capital de la comarca. De hecho alberga el museo histórico de las Merindades en el Alcázar de los condestables de Castilla, una fortaleza con dos magnificas torres que dominan toda la contornada.

Pero lo más curioso de la ciudad es que su nombre literalmente significa “ciudad de manzanas” y sin embargo es conocidísima por la calidad de las lechugas que se cultivan en sus huertas, hasta el punto de que a sus habitantes les llaman, en algunas ocasiones, lechugueros.
Visitamos la ciudad que a esas horas, como era domingo, estaba prácticamente desierta. Después, visita al museo. El Alcázar, construido en el siglo XIV, estaba prácticamente en ruinas cuando decidieron habilitarlo para que albergara el museo. El resultado es espectacular. Han distribuido en cuatro plantas, aprovechando las torres y el espacio entre ellas, las distintas salas en las que se muestra la historia, la arqueología, el patrimonio y la etnografía de la comarca de las Merindades. Además, desde la terraza se disfruta de una vista extraordinaria pudiéndose atisbar, en las afueras de la ciudad, las huertas de hortalizas y de las famosas lechugas de Medina.
Terminada la visita, el autobús nos llevó a Berceo donde el tren nos estaba esperando para llevarnos rápidamente a Balmaseda, ya en el País Vasco, a tan sólo 30Km de Bilbao.

No vimos nada de la ciudad pues lo que había programado era una visita al Museo de boinas La Encartada. El museo, realmente es la propia fábrica de boinas. En el año 1892, bajo la iniciativa de Marcos Arena Bermejillo, un indiano de Balmaseda, se puso en marcha la fábrica dedicada básicamente a la producción integral de boinas y paños. Partiendo de la materia prima en crudo, la lana, realizaban el hilado de la misma y después la confección de mantas, paños, bufandas y fundamentalmente boinas. La fábrica cerró sus puertas en 1992. ¡Un siglo haciendo boinas! Se tardaron diez años en rehabilitar la fábrica bajo el auspicio de la Diputación Foral de Bizkaia y en 2006 se creó una fundación con el objetivo de gestionar y difundir la existencia del museo que fue inaugurado en enero de 2007. La fábrica está tal cual era, con su maquinaria en perfecto estado y sus instalaciones, incluido el despacho del director-propietario y la ventanilla de pago de salarios, como si todavía estuvieran en uso.

Pero lo interesante de la visita es que estás viendo y recorriendo una industria con tecnología de finales del XIX y principios del siglo XX, ejemplo singular de la industria de Bizkaia, pero prototipo de los inicios de la revolución industrial de la época.
Después de la visita nos deleitaron en la cantina de la fábrica con una comida de excepción: una Olla Ferroviaria. La comida se elabora en un puchero o cazuela de barro con asas que se introduce en una especie de cilindro de metal con perforaciones en la parte alta y un fondo cónico donde se deposita el carbón y que también está perforado para facilitar el tiro durante la combustión. De esta manera, las patatas, las verduras, la carne, las morcillas y cualquier otra comida que vayas a cocinar en el puchero, se cuece lentamente y queda sabrosísima. El artilugio fue inventado, cómo no, por los maquinistas y fogoneros de la línea de La Robla en 1915 que, antes del uso del carbón, utilizaban en la olla el vapor de la locomotora como fuente de calor.
Terminada la comida, el autobús nos llevó a Balmaseda y desde allí en tren a Bilbao, la última etapa del recorrido y la hora de las despedidas. Despedidas de la tripulación del tren, que nos atendió maravillosamente bien durante todo el viaje, e intercambio entre los viajeros de tarjetas, de direcciones de e-mail, de buenos deseos para el verano y de qué bien nos lo hemos pasado.
El expreso de La Robla llegó a Bilbao a las 18,30h del domingo 22 de Mayo. Fin del viaje.

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