Cómo es

Penélope Lively es una novelista muy
conocida y autora de relatos breves; ha escrito muchos libros para
adultos, pero también para niños. El último se titula: ‘Ammonites
and leaping Fish: A life in Time’. Algunos extractos del libro se
han publicado hoy en el Observer. La autora tiene 80 años y
el libro habla sobre la vejez. Dice: “Nuestra experiencia es una
desconocida para la mayoría de la humanidad a través del tiempo.
Somos los pioneros, como grupo social establecido que engulle
beneficios y da pena a las agencias gubernamentales… En el año
2030, habrá en el Reino Unido 4 millones de personas de más de 80
años.

Su espíritu sigue siendo “jugar para ganar
experiencia, cualquiera en oferta, pero el cuerpo definitivamente ya
no… Mi mente parece resistir… En los últimos años he pasado por
cirugía y tratamiento para el cáncer de mama; por el momento, las
caderas y las rodillas van aguantando, pero mi espalda cedió hace
tiempo: he sufrido dolor intermitente durante 15 años; molestias que
se convirtieron en un dolor real. Me falla la vista; degeneración
macular miópica, que puede empeorar… al igual que el resto de mis
continuas enfermedades, parece más o menos aceptable para una
persona de 80 años de edad. De las personas que conozco dentro de mi
grupo de edad, la mayoría puede anotarse unas cuantas, o más; sólo
hay una o dos, que se me ocurran ahora mismo, que estén
completamente ilesas.

El cuerpo puede deteriorarse, puede
parecer un triste reflejo de lo que fue antaño, pero la mente tiene
una continuidad saludable y una especie de fidelidad incorporada en
sí misma, una coherencia a través del tiempo… Las actitudes y las
opiniones pueden cambiar, pero la mayoría de la gente, parece
conservar un personaje esencial, una casta mental, una huella con
marca propia… Uno se acostumbra a ella… Llega la aceptación, la
‘edad’ se cuela en uno, y es mejor así, porque la alternativa -la
ira y el resentimiento perpetuo- no facilitaría las cosas”.

Si ser viejo suena a una especie de sitio bastante pálido,
puedo refutarlo. Estoy tan vivo para el mundo como siempre he
estado… Me deleito en el sol de primavera y la crema y el eléboro
púrpura del jardín … El sonido de una voz querida en el teléfono
trae una oleada de placer. Con esos antiguos vigores ahora
silenciados, algo más entra en juego… La primavera nunca fue tan
vibrante; y el otoño nunca tan dorado. La gente es de un interés
permanente: si se observa en la calle o se escucha en un autobús.
Los pequeños placeres han florecido en puntos de deleite durante el
día: comer, abrir el periódico (recién acuñado por mí), una
ducha o la comodidad de la cama. Es casi como si una especie de fin
de juego saludase a la intensidad de la experiencia de la infancia,
en la que el mundo era nuevo. B.

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