El Gobierno presentó el pasado 20 de septiembre de 2026 el Plan IA360, la hoja de ruta con la que pretende acelerar la adopción de la inteligencia artificial en la economía española. Entre todas sus medidas, la que más interesa a las empresas pequeñas es un nuevo bono empresarial dotado con 600 millones de euros y dirigido a 25.000 pymes y autónomos.
Qué es el Plan IA360
El plan agrupa las actuaciones previstas en materia de inteligencia artificial en torno a un objetivo cuantificado: pasar del 21,1 % de empresas españolas que utilizan hoy inteligencia artificial al 55 % en 2030. La cifra de partida explica el planteamiento del programa, porque refleja una distancia considerable entre la presencia de esta tecnología en el debate público y su uso efectivo dentro de las empresas, especialmente en las de menor tamaño.
La respuesta que plantea el Plan IA360 no consiste únicamente en poner dinero sobre la mesa para comprar tecnología. Los instrumentos que contempla incorporan un diagnóstico previo, formación de los trabajadores y una medición posterior de resultados, de modo que la ayuda quede vinculada a un cambio real en la forma de trabajar y no a la simple incorporación de una herramienta más.
El bono de IA: cuánto, para quién y qué cubre
La medida central para el pequeño empresario es un bono empresarial de inteligencia artificial con una dotación de 600 millones de euros y un alcance previsto de 25.000 pymes y autónomos. Las condiciones conocidas hasta ahora perfilan un bono de inteligencia artificial para pymes con un diseño bastante distinto al de las ayudas a la digitalización de años anteriores.
El bono financia servicios de inteligencia artificial prestados por empresas tecnológicas europeas que aporten valor añadido propio. El plan detalla en qué consiste ese valor añadido: desarrollo, integración, conocimiento sectorial, tratamiento de datos o rediseño de procesos. Es decir, se paga por el trabajo de adaptar la tecnología a una empresa concreta, no por el acceso a un producto genérico.
El procedimiento previsto se apoya en cuatro elementos: un diagnóstico previo de madurez de la empresa, un caso de uso concreto sobre el que trabajar, formación en inteligencia artificial para la plantilla y una medición posterior del impacto en la productividad. Los pagos, además, se realizan por hitos, no en un único desembolso, lo que obliga a que el proyecto avance por fases verificables.
Qué no financia y en qué se diferencia del Kit Digital
La exclusión más relevante aparece de forma explícita en el documento: el bono no cubre la mera suscripción a licencias. Contratar el acceso a una herramienta comercial de inteligencia artificial y presentar la factura no encaja, por tanto, dentro de lo subvencionable.
Ahí está la diferencia de fondo con el Kit Digital, el programa de ayudas a la digitalización que lo precedió y que funcionaba a partir de un catálogo de soluciones predefinidas contratadas a agentes digitalizadores homologados. El bono de inteligencia artificial no se organiza por catálogo, sino por proyecto: exige identificar un problema, encargar a un proveedor europeo el trabajo de resolverlo con tecnología adaptada y demostrar después qué ha cambiado. La formación de los trabajadores y la medición del impacto dejan de ser accesorias y pasan a formar parte del propio expediente.
Calendario y Red NEURONA
El despliegue será gradual. El plan prevé un piloto controlado durante el primer semestre de 2027 y una convocatoria general antes de que termine ese mismo año. No hay, por tanto, una ventanilla abierta de manera inmediata, aunque el diseño del programa permite ir preparando la candidatura con bastante antelación.
En paralelo al bono, el Plan IA360 crea la Red NEURONA, un conjunto de centros de demostración concebidos para que cualquier pyme pueda probar la inteligencia artificial con sus propios datos sin desplazarse más de 50 kilómetros. El calendario arranca antes de que termine 2026 con un piloto de 100 pymes en dos comunidades autónomas, y contempla su extensión a diez comunidades y 5.000 empresas durante 2027. La lógica es la misma que la del bono: que la empresa vea funcionar la tecnología sobre su propia realidad antes de comprometer una inversión.
Qué puede hacer una pyme para prepararse
Aunque la convocatoria general no llegará hasta 2027, el diseño de la ayuda favorece a quien llegue con los deberes hechos, y varias de esas tareas no dependen de que se publiquen las bases.
La primera es elegir un caso de uso concreto y medible. Conviene descartar los proyectos formulados en abstracto y quedarse con un proceso identificable —la atención a clientes, la preparación de presupuestos, la clasificación de documentación, el control de inventario— en el que se pueda cuantificar cuánto tiempo o cuánto dinero se va en él actualmente. Ese dato será después la referencia para medir el impacto que el propio programa exige.
La segunda es ordenar los datos. Buena parte de los proyectos de inteligencia artificial que fracasan lo hacen porque la información de la empresa está dispersa, duplicada o incompleta. Revisar dónde está cada cosa y en qué estado se encuentra es un trabajo previo que no requiere ninguna inversión tecnológica.
La tercera es prever la formación: el bono la incluye, de manera que merece la pena identificar desde ahora quién dentro de la plantilla va a utilizar la herramienta y qué necesita saber. Y la cuarta es seleccionar proveedor con criterio, teniendo en cuenta que debe tratarse de una empresa tecnológica europea capaz de aportar desarrollo, integración y conocimiento del sector, y no únicamente de revender un producto.
Para seguir la evolución del programa, además del documento oficial, empiezan a circular materiales divulgativos elaborados desde el sector, como esta guía del Plan IA360 publicada por Kōdo Factory, software factory de Alicante, que recoge plazos y requisitos.
Fuente: Plan IA360, Presidencia del Gobierno, 20 de septiembre de 2026.




