Excursión al Cabo de Gata

Viajando de Murcia a Almería por la autopista A-7 tomamos la salida 487. Atravesamos la localidad de Campohermoso en dirección a la costa y nos dimos cuenta de que ya estábamos en el interior del parque natural Cabo de Gata-Nijar cuando de pronto desaparecieron los enormes invernaderos que durante todo el trayecto jalonaban la carretera a ambos lados. A los pocos kilómetros llegamos a Las Negras, un pueblecito de pescadores reconvertido hoy en un pequeño enclave turístico pero que, con pocas construcciones modernas, sigue manteniendo el aire marinero que le dan las barcas varadas en la orilla del mar y las casas encaladas que se asoman al pequeño paseo marítimo. Después de disfrutar un rato del bonito paisaje retomamos la carretera hacia atrás y a los pocos kilómetros llegamos al cruce con la AL-4200, que es una carretera que discurre paralelamente al mar y llega casi hasta San José. Empezamos entonces lo que turísticamente se ha dado en llamar “Ruta de los Piratas”. Pasamos por Rodalquilar, pueblo interior de casas blancas y bajas. Vimos algunos pequeños cortijos aislados y enseguida llegamos a la Isleta del Moro, pueblo pequeño, marinero también como Las Negras, al que muchos acuden para practicar el buceo submarino o para comer buen pescado en el Hogar del Pensionista. Una breve parada para aspirar el olor a mar y seguimos hacia San José, pasando sin parar por Los Escullos pues queríamos llegar lo antes posible para poder visitar con calma las playas de El Monsul y de Los Genoveses. En la parte alta de San José y bien indicado a la entrada del pueblo está el inicio de la pista de tierra de unos cuatro kilómetros que conduce a las playas. Una cadena cierra el paso cuando la cantidad de vehículos visitantes ha superado el nº permitido. El acceso es libre para los caminantes pero en los momentos de más afluencia, que suele ser en verano, el paso de turismos particulares está restringido aunque se puede realizar la visita utilizando un servicio de autobús dispuesto por el Ayuntamiento. En todo el recorrido no hay construcción alguna y en las playas, primero la de Los Genoveses y un poco más lejos la de El Monsul, tampoco. Ni casas, ni bares ni chiringuitos. Tan sólo algunas papeleras para recoger los residuos que dejan los visitantes. El paisaje es fantástico, crees estar en un paraje virgen, sobre todo en invierno cuando hay pocas personas visitando el lugar. Las huellas de pisadas en la arena denotaban la presencia de algunas personas que estaban refugiadas al abrigo del viento en las oquedades rocosas de la playa de El Monsul. En Los Genoveses, las piteras, desde atrás, casi desde la carretera, son las que dominan el paisaje desértico que se extiende hasta la orilla del mar. Sólo mar, arena y matorrales que fijan la arena en su sitio formando pequeñas dunas.
El tiempo pasó volando y tuvimos que apresurarnos para retornar a San José y encontrar un sitio para comer. Afortunadamente, a pesar de estar en el mes de diciembre, era domingo y no tuvimos problemas. Una abundante fritura de pescado en el restaurante Casa Miguel colmó nuestro apetito y después de un breve paseo por el puerto deportivo dimos por terminada la excursión justo antes de que anocheciera.

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  1. Blanca 8 años ago

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