Escapada a Avilés

Hacía más de veinticinco años que no iba a Avilés. Tan sólo recordaba las enormes escombreras humeantes situadas cerca de la carretera y el ambiente cargado y húmedo que se respiraba en la ciudad. Ahora, cuando sales de la autovía, una carretera te conduce al centro de una ciudad limpia y moderna. Dejamos el coche por el Parque de las Meanas, muy cerca de la zona comercial y nos dirigimos caminando hacia la parte antigua siguiendo primero la calle Cuba y después, frente a la iglesia de Sto. Tomás de Canterbury, la calle La Cámara. La plaza de los Hermanos Orbón con sus bonitos miradores y el moderno mercado en su centro fue el primer ejemplo que vimos de un barrio muy cuidado, peatonalizado en su mayor parte y conservando el encanto de sus calles porticadas.
Al llegar a la Plaza del Ayuntamiento bajamos un poco hacia la ría de Avilés para ver el Centro Cultural Oscar Niemeyer, diseñado como modelo de regeneración urbana por el famoso arquitecto brasileño ligado a Asturias a raíz de habérsele concedido el Premio Príncipe de Asturias en 1989. Inaugurado en marzo de este año, se está convirtiendo a pasos agigantados en el referente turístico cultural de la ciudad. Está situado al otro lado de la ría y la modernidad de sus estructuras y el colorido y forma de las pasarelas de acceso al Centro todavía contrasta con las vías y cables del ferrocarril que discurre por el margen de la ría más cercano al centro de la ciudad, así como con algunas chimeneas, al otro lado, que recuerdan el marcado carácter industrial que en otro tiempo tuvo Avilés.
Después de admirar la fachada del teatro Palacio Valdés y de caminar un rato bajo los soportales de la calle Rivero retornamos a la Plaza de España para buscar un restaurante situado a espaldas del Ayuntamiento que nos había recomendado nuestro buen amigo José Luis. Casa Alvarín, se llama. Y he de decir que comimos divinamente. Fabes con almejas, pescado fresquísimo y vinos a elegir entre trescientas referencias de su extensa carta. Para hacer la digestión, nada mejor que un paseo por la calle Ferreira hasta la iglesia de los Franciscanos y después por el barrio de Sabugo, antiguo barrio marinero que conserva en sus calles porticadas un aire de barrio viejo con ambiente nocturno debido a sus bares y tascas, hasta llegar a la vieja iglesia románica de Sabugo en la Plaza del Carbayo.
Dejamos para el final un recorrido por la Calle Galiana. Calle porticada, del siglo XVII, famosa no sólo por tener bajo los pórticos dos tipos de pavimento distintos, uno para los peatones y otro para las carretas y animales, sino también por los festivos descensos que realizan durante el carnaval una serie de vehículos singulares sobre un mar de espuma colocado al efecto sobre el pavimento. La calle está jalonada de edificios nobles y también de gran cantidad de restaurantes y pubs más modernos que la hacen ser uno de los sitios de atracción turística más importante de la ciudad. Al bajar hacia el Ayuntamiento por la calle de San Francisco, me llamó la atención un mercadillo de artesanía árabe que paradójicamente estaba situado bajo un gran retrato del Papa colgado en la torre de la iglesia de San Nicolás de Bari. Compré unos dulces y nos dirigimos en busca del coche pues ya era bien entrada la tarde y debíamos dar por terminada nuestra escapada a Avilés.