El Viso del Marqués. Palacio y cocodrilo

Lo primero que hicimos al llegar a El Viso fue entrar en la iglesia parroquial dedicada a Nuestra Sª de la Asunción. Nos recibió un señor bastante mayor que dijo tener 80 años y ser algo así como el sacristán de la parroquia o por lo menos el encargado de enseñarla a los visitantes. Allí, en una pared, estaba el cocodrilo disecado de unos cuatro metros de largo que parecía que estuviera trepando por ella. El señor nos contó la historia del cocodrilo. El Marqués de Santa Cruz lo trajo como mascota en una de sus incursiones por el rio Nilo. Cuando creció, no lo pudo mantener en su palacio y después de muerto y disecado lo donó a la parroquia para que su presencia simbolizara entre los fieles el silencio que debe de guardarse en los lugares de culto. También nos explicó brevemente el resto del contenido de la iglesia y después de interpretar cuatro notas en un pequeño órgano con la finalidad de recibir una propina, nos indicó un sitio para comer, pues el palacio del Marqués de Santa Cruz, situado al lado de la Iglesia, estaba cerrado y no podríamos verlo hasta que abriera sus puertas a las cinco de la tarde.
El sitio indicado fue la Almazara del Marqués, un hotel restaurante situado a la entrada del pueblo que resultó ser muy acogedor y donde disfrutamos de una comida que casi podría denominarse de “autor”. El cocinero procedía del País Vasco y según el camarero era imposible sacarle las recetas de las salsas y condimentos de sus platos. En particular recuerdo el sabroso sofrito que acompañaba al rodaballo y la vinagreta de manzana y miel de caña con que estaba aderezada la ensalada de pechuga de pato.
A las cinco en punto de la tarde estábamos en la puerta del Palacio. Tuvimos la suerte de poder realizar una visita guiada. El palacio es renacentista de estilo italiano, construido en la segunda mitad del siglo XVI y es sorprendente su ubicación en este pequeño pueblo al sur de la provincia de Ciudad Real. Pero más sorprendente es el que allí este ubicado el archivo de la Marina Española. Álvaro de Bazán hijo, primer Marqués de Santa Cruz y vencedor de la Batalla de Lepanto, lo mandó construir en las tierras que junto con el título de marqués le había otorgado el rey Felipe II. Más tarde, sus descendientes lo alquilaron a la Marina Española por el precio de una peseta al año y desde el año 1949 alberga en sus sótanos legajos y mapas que según el guía se pueden consultar solicitándolo previamente. El interior del palacio es grandioso, resaltando el claustro porticado y la gran escalera que se divide en dos ramales para dar acceso a las dependencias del piso superior. Dos esculturas de D. Álvaro de Bazán, en plan guerrero y siempre con el sarraceno vencido a sus pies, presiden ambas escalinatas. Todas las paredes y techos del Palacio están cubiertos de pinturas al fresco, muy bien conservadas, con motivos navales que en algunas dependencias adquieren un marcado aire mitológico. El guía, un señor muy amable, además de explicar las características del Palacio nos resaltó el hecho de que las gentes de El Viso lo han utilizado en muchas ocasiones a lo largo de su historia para celebrar fiestas, casarse en su Iglesia e incluso celebrar corridas de toros en el patio trasero. Por ello consideran el Palacio como un patrimonio propio del que se sienten muy orgullosos. Al terminar la visita y a modo de despedida, el guía nos dijo la respuesta que las gentes del lugar dan ante la inevitable pregunta que hace el sorprendido visitante después de haber realizado la visita: “¿Y por qué el Marqués construyó este Palacio en El Viso?”. Respuesta: “Porque pudo y porque quiso”.