Titulares

Las personas mayores parecen estar permanentemente en las noticias del Reino Unido estos días. Hay escándalos sobre algunas residencias tan mal gestionadas que los casos criminales saltan a la vista. Algunas fundaciones hospitalarias han sido condenadas por la muerte prematura de ancianos que no han sido bien cuidados. En una época de restricciones financieras importantes, los políticos están empezando a tomarse en serio el desequilibrio entre los derechos de privilegios particulares de los pensionistas y la penuria económica de los jóvenes: los que están en la universidad tienen que pagar enormes sumas de dinero por su educación y los planes de desempleo sugieren que los jóvenes son de alguna manera los malos por estar sin trabajo.

La longevidad está originando un nuevo equilibrio en las prioridades de la sociedad, a medida que el país se enfrenta a este importante fenómeno social del siglo XXI. Y hay una creciente presión sobre nuestro sistema sanitario y de bienestar, debido a que las personas viven más tiempo, con el consiguiente aumento en la necesidad de ayuda médica y práctica. Parece bastante justo que las personas que han pagado sus impuestos toda su vida y han contribuido al bienestar del país deban recibir apoyo en su vejez, a pesar de que “viejo” cada vez sea “más viejo”. Por el contrario, existe una sensación de injusticia de que la gente que todavía trabaja debería pagar por dicha atención (aunque algún día también serán viejos). Mi pensión de trabajo, por ejemplo, se mantiene en un nivel razonable aunque modesto, pero sólo porque los demás de mi profesión que todavía están trabajando, tienen que hacer una contribución mayor al fondo de pensiones, lo cual parece injusto.

Una de las mayores injusticias del actual gobierno del Reino Unido (y hay muchas) es sugerir que los pobres tienen la culpa de ser pobres y que las personas con discapacidad física son una carga para los recursos del país. Ha habido un análisis reciente del desmoronamiento de nuestro servicio nacional de salud que sugiere que los discapacitados mentales son discriminados al derivar gran parte del apoyo que recibían hacia intereses comerciales, cuyo interés primordial es el lucro. Una vez más, ¿por qué los ancianos deberían recibir un tratamiento especial, mientras a otros como ellos, con poco apoyo legal, se les niega la ayuda que necesitan?

Tal vez haya una comisión que aborde este problema de la longevidad y la justicia común en todo el espectro de la sociedad, pero no he oído hablar de ella. Ciertamente debería existir.

Mientras tanto, continuamos en los titulares como controversia no resuelta.

Bryan

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