Los desagradables

Normalmente voy a la Iglesia Metodista local los domingos por la mañanas. El
domingo pasado, el servicio lo dirigió una diácono retirada por
quien siento un gran respeto y cuyo ministerio continúa de diversas
maneras. Fue un servicio útil, pero tradicional, al menos hasta el
último momento. Durante el cierre de sesión o bendición su oración
abrazó “a todos aquellos que amamos” y luego agregó “y
a todos los que se nos hace difícil amar”.
En una pequeña iglesia del East End de Londres para con la cual tuve
alguna responsabilidad, realizamos a menudo un servicio de tarde por
el bien de una persona mayor que no podría arreglárselas para
llegar allí por la mañana. Éramos sólo unos pocos, casi
cumpliendo las palabras de Jesús “cuando dos o tres se reúnan
en mi nombre”; sentados en círculo. Yo estaba hablando de amar
al prójimo. “Deberías conocer a mi vecino”, dijo Sylvia,
y durante los minutos siguientes nos habló de la tiranía del
ocupante de la vivienda situada encima de la suya.
Existe
controversia en este momento sobre el uso de Twitter. Caroline
Priado-Pérez ha argumentado con éxito que en el próximo diseño
del billete de 10 libras debería aparecer la imagen de una mujer muy
conocida en lugar del inevitable hombre famoso. Por ello, ha recibido
amenas de violación en Twitter. De un hombre que posteriormente ha
sido detenido. Twitter afirma que solo ofrece una plataforma, pero
debido a este y otros casos, existe una creciente presión sobre la
compañía para que equilibre los intereses comerciales con el deber
moral.
Yo
no uso Twitter, en parte porque si lo hiciera sería otro invasor de
Internet y en parte porque estos blogs son lo suficientemente
públicos como para satisfacer la necesidad que tengo de comunicar
pensamientos e ideas, pero sobre todo, porque el anonimato es una
cobardía. Es un crimen golpear a alguien en la calle, pero algunas
de las cosas que se publican en Twitter son igual de violentas. Ha
habido una respuesta masiva al caso mencionado anteriormente, con
muchas personas (hombres) participando en el feo juego de abusar de
las mujeres.
A
mi esposa y a mí nos está resultando cada vez más difícil leer o
escuchar las noticias estos días, pobladas como están de gente
sumamente desagradable que ejerce su poder sobre los demás, pero sin
asumir su responsabilidad por las consecuencias. Es el caso de
individuos como el de éste incidente: un hombre que amenaza con
violar a una mujer con la que no está de acuerdo. También es el
caso de los empresarios que despojan a sus trabajadores de los
derechos fundamentales y de las grandes multinacionales que se
esconden del escrutinio público, alegando confidencialidad
comercial.
Creo
en la solidaridad de la naturaleza humana y puedo pensar en todo el
mundo como “prójimo”. Pero amarlos no es tan fácil.
Bryan

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