Frenesí olímpico

‘Asombroso’, ‘increíble’,
‘fenomenal’… Estas han sido tres de las palabras más utilizadas
durante los ‘extraordinarios’ (ésta es otra) Juegos Olímpicos de
Londres, ahora en su segunda semana. Todo comenzó con la ceremonia
de apertura, que fue como ninguna otra y típicamente británica,
combinando sentimiento, extravagancia y observaciones sociales, con
una ausencia de patriotismo nacional pregonada por algunos de los
tabloides. Todo fue una sorpresa tras otra en esa larga noche, siendo
los aspectos más destacados (para mí) la parodia de alianza entre
la Reina y James Bond y el ‘sorprendente’ (quinta palabra) encendido
y elevación de la caldera al final.La “sensación”
(otra palabra) ha sido el éxito del equipo anfitrión, nuestro país
renombrado por el momento, como ‘G.B’. Los primeros días de los
Juegos comenzaron con el habitual fatalismo británico; sin duda,
quedar clasificados en las primeras etapas de mediados de los años
veinte no animaba mucho, pero entonces los éxitos empezaron a fluir
y ahora, después de un “impresionante” (número siete) fin
de semana, somos el tercer país por detrás de los EE.UU. y China.
Pronto los milagros terminarán, pero mientras tanto “podemos
mantener la cabeza bien alta” (otra frase usada a menudo).

Y
volver al mundo real.

La euforia es poco característica de
los británicos, sobre todo en la doble recesión británica que
alarga no sólo el colapso económico, la corrupción empresarial y
la ineptitud del gobierno, sino también unas condiciones climáticas
pésimas. En lugar de esperar el próximo aguacero, hemos estado
anticipando la próxima victoria olímpica. ¿Cuánto tiempo vamos a
estar por encima del estancamiento nacional es una cuestión
discutible, pero al menos podemos disfrutar del presente, mientras
dure. Y los comentaristas de televisión pueden seguir utilizando el
léxico limitado de palabras entusiastas que todos hemos estado
empleando.

Una de las experiencias más emotivas ha sido la
dedicación de muchos de los atletas de todas las nacionalidades, y
luego su asombro por su éxito y la forma en que han insistido en
darle las gracias a sus entrenadores, sus familias y sus fans. Su
dedicación ha ido a la par de su humildad. No he oído a nadie decir
“me lo he ganado”, pero muchos competidores dicen, “No
me lo puedo creer”.

¿Y nosotros los viejos? Bueno, ha
habido alegría en los logros de los jóvenes, pero también es
interesante ver cómo muchas personas mayores han sido mentores de
los jóvenes y han sido señalados por los ganadores como
colaboradores en su éxito. A menudo han sido las personas a las que
se han dirigido inmediatamente después de sus victorias. La pregunta
más difícil para las personas jubiladas a veces puede ser: “¿Qué
puedo hacer ahora?”. Para estos entrenadores, no hay problema.
Ellos han estado celebrando sus viejas habilidades y replicándolas
en una nueva generación deportiva.

Bryan