Torquay: para ser una ciudad hace falta mente y alma

Torquay, el anhelo de ser una ciudad

 

Este fin de semana visitamos el pueblo de Torquay en la Riviera inglesa. Torquay tiene una población de 63.998. La entrada de la Wikipedia sugiere que si se añadiera a toda el área unitaria de Torbay, entonces, podría ser reconocido como una ciudad y, de ser así, sería la ciudad número 45 en tamaño del Reino Unido (en la actualidad hay 66 ciudades en el Reino Unido). A Brighton, con una población apenas ligeramente mayor, se le concedió el estatus de ciudad en el año 2000. Es evidente que la entrada de la Wikipedia, con el deseo de obtener lo que la cercana Brighton ya ha conseguido, fue publicada por un devoto de Torquay.

Así que he estado buscando los criterios establecidos en el Reino Unido para obtener el estatus de ciudad. Tradicionalmente, antes de que el estatus fuera concedido (teóricamente por el monarca), todo tenía que ver con la Iglesia de Inglaterra. Tenía que haber una catedral y un obispado, pero ahora ya no es así. Las solicitudes se dirigen al Ministerio del Interior. La política oficial de 1907 contenía tres criterios: tenía que haber una población mínima de 300.000, un buen historial de gobierno local y un fuerte carácter metropolitano local como centro de un área más amplia.

La reina y su potestad para dar el rango de ciudad

No sé cuánto tiempo estuvieron en vigor esos criterios, pero según un memorando publicado en 1927, era un principio bien establecido que el título se concediese sólo a pueblos de primera categoría en cuanto a población, tamaño e importancia, y con un carácter distintivo y una identidad propia. De hecho, actualmente un pueblo puede solicitar el estatus de ciudad enviando una solicitud al Lord Canciller, que hace recomendaciones a la soberana. Se han otorgado nuevas concesiones del estatus de ciudad para celebrar eventos especiales, como coronaciones, jubileos reales o el Milenio. Por lo tanto, cabe esperar una ola de nuevas solicitudes para celebrar el jubileo de diamante de la Reina.

Cité a Lewis Mumford en el primer blog de esta serie, publicado el 23 de mayo de 2006. Él ve el surgimiento de la ciudad como indistinguible de la historia de la civilización. Mientras las familias y, luego, grupos de familias, buscaban principalmente la supervivencia, a menudo con cultos religiosos y terrenos de caza compartidos, la vida en las grandes ciudades del este se volvió más estructurada y controlada. En ese momento, la gente comenzó a desarrollar el lenguaje y la escritura, aprendió a dibujar, a cantar, a aprender, a comprar y a vender; a adorar a sus dioses y relacionarse comercialmente entre sí y dentro de la normativa de la ley.

La ciudad es un ser vivo

Este fin de semana, se representó en Londres la ópera de Heiner Goebbels, ‘Surrogate Cities’, basada en una novela con el mismo nombre, de Hugo Hamilton. En The Guardian, el autor afirma que “la ciudad es un ser vivo. Respira. Mantiene el ritmo. Tiene problemas para dormir por la noche. Posee energía humana, características humanas y errores humanos. Tiene una mente llena de lógica idiosincrática, llena de la memoria que viene de las calles, llena de sueños brillantes y personas sin hogar. Incluso el graffiti es un acto de pertenencia”.

Estoy de acuerdo. Simplemente, sabes cuándo una ciudad es una ciudad. Efectivamente, tiene mente propia e incluso alma. Se define a sí misma. A pesar de que pueda ser un lugar encantador, Torquay nunca será una de ellas.

B.R.