La vejez y pérdidas

Perder cosas forma parte del proceso de envejecimiento y de la vejez en sí. Siempre hay alguien amable a nuestro alrededor que nos anima diciendo que ellos también las han perdido durante toda su vida. “No tiene nada que ver con la edad”, afirman. Pero sí que tiene que ver y los que nos estamos haciendo viejos, lo sabemos.

Está relacionado con la pérdida de memoria, por supuesto, intentar recordar dónde pusimos las cosas y lo que habíamos planeado hacer después, pero tiene que ver también con un fallo de concentración. Los que son amables conmigo, me dicen cuando me ven despistado “¿me estás escuchando?”. La verdad es que por lo general sí estoy escuchando, pero ahora no me resulta tan fácil como antes permanecer atento a lo que dicen.

Lo noté por primera vez cuando empecé a tener problemas con los nombres; todos creen que no sabes quiénes son si no puedes recordar sus nombres. En ocasiones, cuando todavía trabajaba, podía recordar parte de un nombre –el nombre o un apellido, o incluso un apodo–, pero nunca el nombre completo. E intentar presentar a dos amigos entre sí cuando ambos se han vuelto anónimos puede ser realmente embarazoso. Olvidarse de los nombres y no encontrar las cosas. Es horrible.

Un día estuve buscando algo hasta que me di cuenta de que lo tenía en la mano y mi nieto de seis años me dijo con dulzura: “No pasa nada, eres muy muy mayor y estas cosas pasan cuando uno es viejo”. Por desgracia es la verdad.

Hace poco me he dado cuenta de que ¡lo último que he perdido es mi cintura! La he perdido para no recuperarla nunca, me temo. Nunca he sido como una sílfide, pero hace unas semanas me di cuenta de que estaba tirando de mis pantalones hacia arriba ¡como si fuera a la nueva moda de los jóvenes de llevar los calzoncillos a la vista con los pantalones colgando! (algo bastante inapropiado para alguien de mi edad). Pensé que quizá estuviese perdiendo peso (una agradable perspectiva) . Desde luego no peso tanto como antes, pero entonces se hizo patente que el peso estaba bien; el problema está en la forma en la que se distribuye. El endurecimiento de las arterias es un castigo de la edad, pero parece que el engrosamiento del talle también lo es.

Sin embargo, existo y soy feliz: habitando en un cuerpo que a menudo me resulta extraño, pero la verdad para todos nosotros es que ¡mi cuerpo es el único que tengo! ……Esta es la primera de una serie de publicaciones ocasionales que constituyen una especie de posdatas de las series originales de los blogs y que serán, por lo general, observaciones no demasiado serias acerca de cómo es ser lo que algunos de nosotros ya somos: ¡viejos!

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