Benavente. Parada y fonda

Llegamos a Benavente pasadas las 8 de la tarde. Un pequeño incidente en la carretera había ocasionado un retraso en el horario previsto. Lo primero que hizo Rubén al dirigirnos a la recepción del Parador donde nos íbamos a alojar fue preguntar por la piscina. Hacía mucho calor durante el viaje y le prometí que podría bañarse al llegar. Imposible. La piscina cerraba a las 20h y el socorrista se había marchado. “Estamos en Benavente”, le dijo el recepcionista. “Aquí la vida empieza no antes de las 11 de la mañana y a las 8 de la tarde todo está ya cerrado”. Ese es el encanto que tiene la ciudad. Grande, centro de atracción de toda la comarca, sitio de paso de muchas gentes por estar en el cruce de los caminos de Madrid a Galicia y de Andalucía a Asturias, pero conservando siempre su aire de pueblo castellano, serio y recio para unas cosas y alegre y festivo para otras.

En mis viajes por carretera a Galicia o a Asturias acostumbro a hacer noche bien en Benavente, bien en Castrillo de los Polvazares, cerca de Astorga en la provincia de León. En agosto del año pasado estuve toda una tarde en Benavente y tuve la oportunidad de conocer el ambiente dando un paseo por la ciudad. En la parte alta se encuentra la torre del Caracol, del siglo XVI, que es la única construcción que queda del castillo de La Mota o Palacio de los Pimentel, condes de Benavente, y que hoy forma parte del parador de Turismo. Se accede al mismo por los Paseos de La Mota, jardines muy frecuentados por los benaventanos sobre todo al caer la tarde, donde desde un largo y fresco mirador se pueden divisar los campos de la comarca. Ese día, por ser jueves agostero, estaban muy animados. Había música en directo desde el templete central del paseo y merienda gratis. Decenas de personas mayores bailaban y merendaban al son de la música en un ambiente muy festivo. Más abajo, en una confluencia de calles estaba instalada la meta de una de las etapas de la vuelta ciclista a Zamora. La llegada de los ciclistas se producía casi a la altura de la sede del Partido Popular situado en un edificio que hace chaflán y que me llamó la atención por los carteles reivindicativos expuestos en sus balcones en los que contaban los días que iban pasando desde que se anunció la autovía de Zamora y también desde la desaparición del ferrocarril de la Ruta de la Plata. Un poco más abajo, en torno a la iglesia de Santa María de Azogue se desarrolla el activo y bullicioso centro de la ciudad. A su alrededor se encuentran la zona más comercial y concurrida, en la que por cierto las tiendas no estaban cerradas a pesar de ser más de las ocho de la tarde. Siguiendo las calles José Antonio o la del Obispo Regueras se llega a la Plaza de España donde está el Ayuntamiento. Muy cerca de allí se encuentra la iglesia de San Juan del Mercado, en la que conviene detenerse un momento para contemplar la portada románica de la cara sur.

En Benavente, como en casi todos los pueblos de España está muy arraigada la costumbre del tapeo. Al anochecer, la gente desaparece encaminándose hacia las zonas de bares. La calle Santi Espíritu, muy cerca del centro, y los alrededores de la Iglesia de Santa María, junto con el barrio de Las Eras son las zonas más frecuentadas. Después de tomar unos cuantos vinos con sus correspondientes tapas y pensando en reanudar viaje al día siguiente, di por terminado el paseo vespertino por Benavente.