Impresión 4D

El concepto de impresión 3D se nos presenta como el catalizador de la inminente revolución  que puede suponer la posibilidad de fabricar casi todos los productos imaginables, incluso en los propios hogares,  sin apenas costes de mano de obra ni exigencia de grandes inversiones.


La también llamada fabricación aditiva 3D es la innovación que puede desencadenar el cambio del paradigma de  la “manufactura” al de  la “mentefactura”.

Pero casi sin tiempo para asimilar el concepto de impresión 3D ya aparece en ciernes el de la impresión 4D. Es como si antes de acabarnos el primer plato ya nos estuvieran sirviendo el postre. En la sociedad actual el futuro apenas nos permite paladear el presente.

Cuando nos hablan de la cuarta dimensión intuitivamente pensamos en el tiempo y en la Teoría de la Relatividad y en efecto, no andamos descaminados en este sentido a propósito de la impresión 4D, ya que se trata de la posibilidad de fabricar objetos con impresoras 3D, pero, a diferencia de los productos “estáticos” fabricados con esta tecnología, la impresión 4D utilizaría materiales “dinámicos”, programables,  capaces de evolucionar o de transformarse  ante la presencia de estímulos externos, que se convirtieran, autoensamblándose, en productos diferentes.

Pensemos en ropa que pudiera cambiar de color en función de la temperatura o de la luz, de superficies que ofrecieran una resistencia proporcional a la presión recibida  o simplemente en productos de fácil almacenaje y traslado que se “ensamblaran” en destino, o en las posibilidades médicas de ¡“imprimir virus”¡  para atacar enfermedades (esperemos que no se usen para crearlas).

Juan José RiosAutor de este post

Juan J. Ríos es Licenciado en Matemáticas, profesor del IES Alfonso X El Sabio de Murcia. Actualmente es asesor de innovación de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia