Lluvia de estrellas

De pequeño mi familia tenía una finca en el campo de Cartagena en Murcia. Allí la luz de los grandes centros urbanos era imperceptible y estaban a más de 30 km, además corría la España de los cincuenta y sesenta, donde la escasez y penurias de la postguerra civil no daban para muchos esplendores lumínicos en la ciudades medianas.

 

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Lluvia de estrellas

 

En pleno campo y fuera de nuestra casa, todas las noches, el mayor y único espectáculo era contemplar en un cielo claro y limpio las estrellas en la oscuridad. La costumbre era pedir un deseo si veíamos una estrella fugaz. No necesitábamos más. No había TV, ni nada parecido. Lluvia de estrellas en la granja Lo cierto es que estando en la rutina de intentar ver animales por la noche el cielo nos sorprendió con una lluvia de estrellas fugaces en nuestra granja.

Los abuelos nos lo habían advertido por la tarde, dado que la prensa inglesa local lo había difundido ampliamente. Pero fueron los más pequeños los primeros en percatarse del fenómeno. Tumbados boca arriba nos propusimos espiar el cielo, bastante despejado aquella noche, aunque algunas nubes intentan camuflar a las estrellas fugaces. Contamos más de cien estrellas en una hora. Cien deseos, que nos dieron para casi todo lo que es posible anhelar.

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El relax y tranquilidad mientras pasábamos el tiempo viendo el cielo era hasta exagerado. Allí, en el silencio de la noche un entorno rural, en la vieja Inglaterra, ni las gotas de una pequeña nube que desde el principio se empeñó en molestar la visibilidad panorámica del cielo, nos indujeron a movernos de nuestro cómodo lecho de hierba y el extraordinario espectáculo del universo y sus estrellas. El exceso de luz artificial nos ha ocultado el cielo y redescubrir en una zona rural de cualquier parte del mundo vuelve a ser un privilegio y un incomparable placer para los sentidos, e incluso, para el alma.

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  1. Anónimo 10 años ago

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