Ser viejo

Las personas mayores están en las
noticias del Reino Unido en este momento. No se puede escapar de
ellos: sus necesidades, deseos, problemas, salud y, sobre todo, su
longevidad. La gente joven debe estar cansada de que todo se centre
en un sector de la población o bien sentirse aprensiva por cómo les
va a afectar a ellos el paso de los años. Se estima que en pocos
años de cada 1.000 personas de este país, 350 serán jubilados.

El Parlamento ha ampliado la edad necesaria para jubilarse
con una pensión. Actualmente, es de 65 años para los hombres. La
edad para que las mujeres puedan cobrar una pensión estatal va a
aumentar gradualmente de 60 a 65. Y, con el tiempo, volverá a
aumentar tanto para hombres como para mujeres a al menos 68 años.
Hoy el gobierno va a anunciar el inicio de una legislación para
ayudar a las personas mayores a pagar la atención domiciliaria sin
tener que vender sus casas, aunque los detalles sobre cómo se puede
financiar todavía han de ser estudiados.

El bombo que se le
está dando al envejecimiento está siendo dirigido o alimentado por
los medios de comunicación. La semana pasada hubo dos programas de
la BBC en el que cuatro personas consideradas famosas, dos mujeres y
dos hombres de más de sesenta años, se adentraban, en un episodio,
en los hogares de algunas personas mayores y, en el otro, en cuatro
residencias para ancianos (¡muy bien equipadas!), entre cuyos
residentes se incluían personas con demencia. En ambos casos
permanecieron cuatro días.

Los programas se diseñaron tanto
para reflejar las respuestas de los famosos como para presentarnos la
situación real de quienes los alojan. Se trataba de típicas
ediciones de ‘realidad virtual’; más como entretenimiento que
educativas. A pesar de ello, resultaron informativas y conmovedoras y
resaltaron el esfuerzo y las dificultades financieras de algunas
personas mayores. Una de ellas vivía con 3,24 libras al día; un
ejemplo de los dos millones de pensionistas que se calcula que viven
en la pobreza en Gran Bretaña hoy en día.

Fue muy evidente
la soledad que sufren algunos; una mujer se volvió tan introvertida
que casi había perdido la habilidad y, sin duda, el deseo de
relacionarse con los demás. “Mi vida es realmente horrible”,
dijo otro; “Simplemente no quiero estar aquí”. Una
reacción similar: “No quiero estar aquí; sería mejor si
estuviera muerto”. “Ya no me siento como una persona”,
señaló otro. Un hombre que vivía en una planta baja era incapaz de
superar la muerte de su esposa diecisiete meses antes. Casado durante
68 años, lloró cuando contó su historia. Una mujer que cuidaba a
su marido, confinado en cama tras de una serie infartos, señaló:
“No sé a dónde se ha ido la mujer que era… No hay tiempo
para mí”.

Hoy veo que ponen el primero de los dos
programas de la BBC, esta vez acerca de cómo los “pensionistas”
(esa nueva categoría de la humanidad) se enfrentan a regresar al
trabajo con más de setenta. Y así continúa. No sé si nos gusta
ser el centro de atención, pero espero que salga algo bueno de todo
ello.

Bryan

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