Política, política, política

Me invitaron a unirme a un círculo de oración; la idea era que un grupo de nosotros se reuniese para rezar regularmente por aquellas personas cuyas necesidades fuesen evidentes para nosotros. Se dieron ejemplos de la clase de situaciones personales que serían dignas de oración.

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No obstante, también hubo sugerencias de lo que podría ser inapropiado para rezar. En la parte inferior de ese pequeño listado se encontraba el consejo que decía que “los partidos políticos” podían no ser un tema adecuado. Puedo ver que tal vez haya un problema en esto, como que se invite a comprometidos conservadores a rezar por un gobierno laborista.

Tácticamente podría ser difícil. Sin embargo, la teología de este tipo de consejos es muy sospechosa. ¿Es que a Dios no le interesa cómo se gobierna el mundo?A mí no me parece en absoluto difícil rezar por un gobierno laborista. La política es una de las cosas que me parece que no puedo abandonar y que no dejan de preocuparme a medida que me hago mayor; y no hay política sin partidos, aunque ninguno de ellos sea perfecto.

La experiencia del gobierno en coalición -algo nuevo para este país, pero familiar para Alemania- se vuelve cada vez más tensa a medida que las elecciones generales de 2015 acechan en el horizonte. Polly Toynbee dice en The Guardian (el 17 de diciembre de 2013) que éstas van va a ser las elecciones más venenosa y socialmente perjudiciales en años. Dos cuestiones apuntan a esto.

Una es todo el complicado tema de la inmigración. Los tabloides han enloquecido ante la noticia de la adhesión de Rumanía y Bulgaria a la Unión Europea, y advierten que una gran oleada de personas podría entrar en el Reino Unido. Hay indicios -aunque todavía no existe una política formal- de que el gobierno tiene planes para limitar drásticamente el número de inmigrantes. No obstante, el viceprimer ministro está muy enojado por una política que no ha sido acordada por la Coalición y que él considera que podría dañar la economía. “Necesitamos inmigrantes”, afirma.

Otro de los temas favoritos de los tabloides es la reforma del bienestar, sobre la que el Primer Ministro, el Canciller y otros altos cargos del gabinete siguen afirmando que es una manera de hacer frente a lo que ellos denominan “dependencia arraigada”. Están decididos a hacer más recortes y a ignorar totalmente el hecho de que éstos afectarán a las personas especialmente vulnerables. Los ministros son muy dados a citar el gran proyecto de ley del bienestar, más que el coste del Servicio Nacional de Salud y las escuelas, pero se olvidan de señalar que un porcentaje sustancial de esa suma (135.700 millones de libras) corresponde a las pensiones y otros beneficios para los mayores. Y la cruda realidad es que los pensionistas son más propensos a votar que las personas que se encuentran en situación de pobreza.

Seguramente estos son temas para el esclarecimiento, análisis y protesta. Y para la oración.

Bryan