Las personas mayores y el dolor de la muerte

Una de las cosas más duras que tiene que soportar una persona mayor es la muerte de un amigo o de un familiar; muchas veces una muerte que ha sido el resultado de una larga enfermedad. La tristeza de un luto es una experiencia que compartimos todos los seres humanos, pero para las personas mayores la muerte tiene un peso especialmente pesado, porque no es tan fácil llenar los huecos que deja en nuestras relaciones, y a diferencia de las personas más jóvenes, somos más conscientes de nuestra propia mortalidad.

Un sociólogo que ha investigado la muerte y el luto escribe que “de todos las condiciones mentales funcionales que existen, casi la única cuya causa es conocida, cuyas síntomas son estereotipadas y cuyos resultados se pueden predecir, es el luto”. Este sociólogo sugiere que la tristeza por una muerte es una experiencia tan grave que se puede comparar con una enfermedad mental, junto con toda la pérdida de funciones que son típicas de tales enfermedades. Lo describre como “una herida mental, que deja cicatrices”. No existe una respuesta tipo “sonríe y aguanta” a esta clase de pérdida. Solo un reajuste paulatino de tu vida que puede ser tan doloroso como la curación de una herida y que, sin duda, deja cicatrices.

Cualquiera se puede morir en cualquier momento, pero conforme te vas haciendo mayor, es cada vez más imposible evadir de la inevitabilidad de llegar al final de una vida – la de otros y la tuya. Y esto puede crear una especie de tristeza y un sentido de no haber cumplido mucho en tu vida. El otro día alguién me dijo: “me pregunto de se ha tratado todo esto” (referiéndose a la vida). Yo no sabía qué contestar, pero después pensé “se ha tratado de tí: de los momentos maravillosos que has vivido, de las personas a las que has querido y quienes te han querido a tí, de los sitios que has visto, de las experiencias que has compartido, de las personas que has apoyado, y de las maneras en las que se han desarrollado tus intereses y tus habilidades”.

Las personas mayores a menudo dicen “ya no puedo hacer tanto como antes, pero tengo unos recuerdos tan bonitos”. Siendo un poco egoísta, yo creo que quiero más que recuerdos, a pesar de que los que tengo son preciosos. Quiero nuevas experiencias, momentos que me consuelan, nuevos retos…. aunque pueda dar miedo, todo esto puede estar tan al alcance de la gente mayor como para la gente jóven.

Un luto es la forma de honrar a la persona que se ha muerto y es una forma de celebrar un amistad. La tristeza de un luto debe ser aceptada y recibida, su dolor debe ser soportado y las lecciones derivadas de ella aprendidas. Una vez que el parálisis del shock empieza a paliarse, el dolor que al principio es tan agudo, se relaja. Poco a poco, los ataques de tristeza absoluta son cada vez menos frecuentes, la desesperanza se alivia, hasta que por fin la pérdida se puede afrontar y puede ser incorporado en el resto de tu vida. Resistir el luto de una pérdida sería poco natural; pero vivirlo durante demasiado tiempo es una auto-complacencia. Así que debemos llevar la tristeza durante el tiempo necesario, trabajar con ella y luego, con nuevas perspectivas, avanzar de nuevo.

Bryan

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