Pobre mozo! ¿Dónde vas?
Inclinando la
cabeza
Suspiras, y con tristeza
Vuelves los ojos atrás.
-Con pena voy caminando,
Porque en aquella casita
Queda mi madre bendita
Desconsolada y llorando.
-¿Y por qué dejas tu tierra,
Y el más sublime cariño,
Triste joven, casi un niño?
-Porque me voy a la guerra.
No os admire si me aflijo;
Acaso no
vuelva a ver
Aquella santa mujer,
Ni a oír que me llama ¡hijo!
-De pena razón tuviste.
-Si junto aquella casita
Veis a
mi madre bendita,
No la digáis que voy triste.
Concepción
Arenal: La caridad en la guerra