Un día en Oviedo

Siempre que voy a Asturias suelo dedicar un día para visitar Oviedo. Llegamos temprano y pudimos dejar el coche en el Parking de la plaza de La Escandalera, en pleno centro de la ciudad. Hacía una mañana gris, encalmada, algo fresquita para ser el mes de agosto, con una ligera llovizna a ratos, pero era una de esas mañanas típicas asturianas en las que apetece dar un buen paseo. Por ello decidimos equiparnos con chubasqueros y realizar una visita a las iglesias prerrománicas del monte Naranco. Un taxi nos llevó hasta la parte más alta, donde se encuentra la Iglesia de San Miguel de Lillo. Estaba envuelta por una bruma bajo la que se fundía el color marrón de sus piedras con el verde de la pradera en la que se asienta. Tan sólo la vimos por fuera, pues la visita del interior se hace complicada por ser restringido el nº de personas que pueden acceder a la vez y por la dificultad para conseguir un ticket de acceso. Después, caminamos hasta Santa María del Naranco, situada unos 100 metros más abajo, donde había, como siempre, gran cantidad de turistas a su alrededor esperando realizar la visita. Al cabo de un rato de contemplar tan bella joya del prerrománico asturiano seguimos caminando por un frondoso sendero que conduce al aparcamiento habilitado para los vehículos de los visitantes, pero que está situado bastante más abajo de donde se encuentran los monumentos. Después, un agradable paseo por la ladera del monte y por las calles en bajada nos llevó hasta la estación de ferrocarril, ya muy cerca del centro de la ciudad.
La catedral es visita obligada en Oviedo. Su Cámara Santa, de origen prerrománico, alberga los dos grandes tesoros asturianos, la Cruz de los Ángeles y la Caja de las Ágatas, sin desdeñar a la Cruz de la Victoria y al Arca Santa. Siempre hay cola de turistas para entrar en la Cámara. Este año no entramos a la catedral. Era más interesante ver la pequeña cola que se había formado en torno a la escultura que representa a La Regenta, situada en la plaza, para poder hacerse una foto teniendo de fondo la fachada y la torre de la catedral. Además, era tarde y había que comer.
Por los alrededores de la catedral hay un montón de sidrerías y restaurantes. Entramos en Faro Vidio, un restaurante situado entre la catedral y la plaza del Ayuntamiento en sitio obligado de paso. Tiene fama por su marisco y es un poco caro, pero ofrece un menú diario por 16€ que está muy bien. Ese día consistía en una abundante y rica fabada a la que no le faltaba ningún ingrediente, unas cocochas de merluza, extraordinarias y un delicioso postre casero. Los domingos ofrecen un menú más sofisticado aumentando el precio en unos pocos euros.
Después de comer, un paseo por el barrio viejo nos vino muy bien para hacer la digestión, pero eso sí, visitando la plaza del Fontán, situada un poco más allá del Ayuntamiento en la que, además del Mercado con su buen restaurante, hay varias sidrerías donde comer y tapear. Compramos queso Gamoneu en uno de los pocos puestos del Mercado que estaba abierto después de que la señora que lo atendía nos asegurara, ante nuestra duda, de que era de los primeros quesos que ya habían bajado los pastores de los Picos de Europa. Emprendimos entonces la retirada hacia el parking de La Escandalera pasando de camino por la Confitería Rialto para llevarnos un buen surtido de moscovitas, pastas a base de almendras, nata y chocolate, y de carballones, pastel típico asturiano cuyo ingrediente fundamental también es la almendra. Ambos dulces están deliciosos.

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  1. carmen 7 años ago

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