Ser Viejo….

Eso es lo que dijo uno de mis parientes más cercanos. Añadió ‘llevas años diciendo que eres viejo y ahora es verdad’. El mensaje claro era que no debería hablar mas sobre ser viejo. Eso implica que ser viejo es un estado ó condición que se puede definir, inmutable – quizás un objetivo lo cual ya había conseguido hace tiempo. ‘Hablar de otra cosa’ me dijo – algo que es un buen consejo.

Pero por supuesto ser ‘viejo’ no es así – un estado fijo de estar que te define como una nueva persona. Al contrario como la mayoría de las cosas es una experiencia relativa. Hay gente que con una edad muy avanzada que siguen muy alertas algunos de los cuales que conozco he mencionado en estos blogs. Por el otro lado hay algunos que ya son viejos con sesenta años y quienes parecen haber perdido su hambre de vivir. En estos blogs hablo de envejecer y intento no usar la palabra ‘viejo’ demasiado porque también surgiere una condición – prefiero describir lo que pensamos y las experiencias que muchos tenemos en común. Envejecer es un proceso en vez de ser una calle sin salida.

Sin embargo he conocido mucha gente recientemente quienes se han quejado sobre ser viejos y esta claro de que yo estoy en peligro de ser uno de ellos. No ayuda a nadie decir a una persona mas joven ‘no te envejezcas’ (y lo he oído decir). A pesar de esa prognosis pesimista hay muchas cosas buenas sobre de ser un anciano y quejas constantes sobre los detrimentos no te va a ganar muchos amigos.

El otro día hable con un colega quien ha cumplido 78 años. Ha tenido dos operaciones de corazón y ahora sufre de la enfermedad de Parkinson algo que la medicación le ayuda combatir. Ha manejado una huerta grande durante 40 años y sigue trabajando en ello. Es una fuente constante de aliento y consejo para mi y otros que no hemos tenido tantos problemas como los que el ha sufrido.

Hablando con el nos dimos cuenta que tenemos la misma edad y intercambiamos nuestras experiencias. Estábamos de acuerdo sobre la diferencia en reconocer las limitaciones físicas y manejarlas puede ser dos cosas distintas. Somos las mismas personas de siempre y nuestra voluntad y deseo para vivir sigue siendo lo mismo. Pero también tenemos que hacer un balance entre nuestro deseo y la realidad, intenciones infinitos con capacidad limitada. Nos presenta con un desafío y es uno que aceptamos aunque sin tener los brazos extendidos.

Así que estoy de acuerdo, hay que hablar menos sobre el hecho de ser viejo y hablar más sobre el viaje continuo de envejecer, y enfrentarnos con esa tensión creativa entre lo que podemos hacer sobre ello y lo que no podemos.

Bryan Rippin