Escuela de inversores: ¿se nace o se hace?

Ninguna persona nace con perfil inversor, sino que aprende, se transforma y perfecciona de una forma lógica y natural. William Cobie explica cómo este proceso consta de varias etapas semejante a lo que sería una escuela de inversores.

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Pasión por ahorrar

El primer paso es apasionarse por el ahorro. La pasión se convierte en un juego y el análisis del ahorro es una actividad diaria: “cuánto he ahorrado este mes” o “qué ingresos extraordinarios voy a tener” son las preguntas que empiezan a sonar en la cabeza el inversor periódicamente.

En esta etapa, generalmente se inicia con inversiones seguras, como depósitos a plazo o un poco de deuda pública. 

Aprendizaje exponencial

Y entonces comienza un periodo increíble de observación y aprendizaje. El interés por conocer los distintos mercados aumenta de forma exponencial, se empiezan a relacionar los acontecimientos y a comprender las oscilaciones de los precios.

La pasión continúa aumentando y el inversor empieza a arriesgarse con empresas cotizadas de su país con las que tiene cierta simpatía, bien sea por el sector, por su producto estrella, porque patrocina a un equipo del que es aficionado o porque se siente identificado con su CEO.

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Visualización de las oportunidades

Entonces el inversor empieza a ser consciente de sus propias habilidades, de su capacidad de anticipación con respecto a al entorno… y comienzan a aparecer las oportunidades.

Ha comprendido el juego y es capaz de distinguir las estafas de las oportunidades reales.

Aunque mantiene un porcentaje de inversión en productos de menor riesgo, generalmente de renta fija, su atención se centra en los productos de renta variable nacional e internacional.

Experiencia como inversor

Tras los primeros éxitos, a veces provocados por el propio ciclo del mercado, viene el exceso de confianza que provoca la asunción de un mayor riesgo y/o la relajación en el control de las inversiones.

La experiencia real se adquiere después del primer fracaso importante.

Tras este primer fracaso, muchos inversores abandonan la actividad porque el orgullo, la vanidad o el miedo a volver a perder les merman en exceso la capacidad de anticipación. Aquellos que convierten el fracaso en aprendizaje y comprenden que invertir es un proceso a largo plazo y que perder forma parte del juego, entonces se gradúan en la escuela y son capaces de realizar algunas inversiones estables, otras especulativas, entran, salen y, en definitiva, entienden el funcionamiento del mercado como un todo que se mueve y que tiene mucha mucha lógica.

Así, el último paso es estar siempre preparado. Para coger una oportunidad de inversión hay que ser rápido y decidido.

Las oportunidades hay que aprovecharlas. 


3 Respuestas

  1. Anónimo 4 años ago
  2. Ramón Pedreño 4 años ago
  3. Ramón Pedreño 4 años ago

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