El descrédito político

Los políticos españoles caen frecuentemente en el ámbito de determinados debates que acaban en círculos viciosos. A veces no se sale fácilmente de estos dado que se persiste hasta agotar la rentabilidad del daño al adversario. A la derecha le interesa Carod Rovira, al arma de los nacionalismos, la política exterior… A la izquierda Trillo, el 11-M, Fraga… Hoy Periodista Digital publica unas declaraciones del Presidente del Congreso muy interesantes que recomendamos: «La política española es una política de trinchera y la de los medios de comunicación es una información de trinchera».



Aceptándolo como irremediable, algunos ciudadanos incrementan cada día su sentimiento de distanciamiento de la política, afectada en general por un fuerte descrédito. Baste recordar que se necesitan atrocidades como la del 11-M para «movilizar» un electorado tendente, de forma alarmante, al abstencionismo y el pasotismo. Triste situación para unos jóvenes que ya no quieren ser pasotas.

El espectáculo de la Comisión de investigación sobre el 11-M es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. No va contribuir a la credibilidad política del país, ni a nada positivo. Los ciudadanos en general observan la realidad política como si de un circo se tratara. Es un espectáculo previamente ensayado. Tras muchas funciones ya nadie se sorprende. La gente se aburre y únicamente presta atención cuando el león se come al domador. A este paso el PP tendrá que acabar haciendo strip-tesse la próxima vez que hablen de Carod Rovira o el PSOE vestir a Zapatero de Bambi con Bono de Blancanieves para vender «el talante».

¿Dónde están los debates, las ideas, la fuerza que hacen vibrar a un país? ¿Donde está el liderazgo de iniciativas que ilusionan a los jóvenes y a los ciudadanos en general?

No es de extrañar que en un marco político tan insípido los ciudanos se traguen cualquier cosa, incluidas altas dosis de telebasura, aunque en teoría la rechacen.

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