TEATRO EN EL PARLAMENTO

En ocasiones y, a través de mi televisor, sigo algunos debates de nuestros parlamentarios porque como simple ciudadano me considero obligado a seguir la política de la que depende nuestra convivencia, nuestro país y el futuro de los que todavía tienen la vida por delante. Cuando no los sigo,es cualquier diario de noticias el que me los sirve, resumidos eso sí,  entre plato y plato en mi propio comedor.
         Sea de una forma u otra la impresión de asistir a una representación teatral, o mejor a una ópera es siempre, en esquema, la misma : historias melodramáticas donde aparecen buenos y malos, amores y desamores, acusadores y acusados ,  chivatos y ocultadores. ..Lo que ha sido desde los griegos  el mundo de la escena.
Por un lado aparece un coro de afines a, signo político que gobierna, y, por otro, el de quienes aspiran a gobernar divididos en mayores o menores  capillas corales que intervienen como contrapunto a los que  recitan las frases programáticas del Poder. Todo está pactado de antemano; cada uno conoce su papel  y sólo el Director –Presidente desde el centro del escenario señala  o corta las entradas de los cantores-actores según el guion.
Desde muy joven me ha atraído fijar mi atención, tanto en el cine como en el teatro, en los personajes de segundo nivel.

Son ellos quienes dan a menudo la talla de la obra. Así, mientras las Estrellas  atraen la atención  por su papel  de Protagonistas en la escena, resulta muy curioso y hasta divertido ver qué hacen y que gestos dibujan estos figurantes del Coro.

El casting de nuestras instituciones parlamentarias sigue el criterio de la fidelidad y no el de la valía y por tanto resaltan más las actitudes chocantes de nuestros ”actores“ que pasaron la selección del iluso votante.
Destacan los mas cercanos al Actor-Héroe ante el cual embelesan su mirada, sonríen, afirman, confirman  y hasta babean de gusto y  casi se diría que entran en éxtasis, cuando el o la Protagonista de turno canta su Aria o su réplica. Por otra parte, llegado el momento del  Antagonista, torvan la mirada, niegan con sus cabezas, muestran gestos recelosos o agrían su cara con un manifiesto y absoluto desprecio a cuanto recita o canta el Actor-Oponente.
También me gusta observar a los del tercer nivel de este imaginario casting que ni afirman ni niegan ni miran ni oyen porque están  atentos a sus Iphones, sus ordenadores o sus ensoñaciones. Con estos parece que no va la cosa: sólo están por estar y eso lo hacen a la perfección si es que no hacen mutis por el foro camino del cafetito y la tertulia.

Al final de cada actuación estelar todos los sumisos aplauden o patean cronómetro en mano para que la prensa fedataria recalque al día siguiente, y según a quien sirva, quiénes fueron los triunfadores y quiénes los derrotados.
Todo esto tendría su gracia si en estos momentos la calle, el pueblo, no estuviera viviendo la desazón del paro, los despidos, los desahucios y el miedo que atenaza la vida de quienes  están caminado , o están ya, en la miseria.
Y todavía resulta más trágico que a fuerza de enseñar el plumero de sus escasas aptitudes, tomen a los espectadores por ignorantes que encima pagan sus incapacidades, mentiras  y acusaciones  revanchistas. Diríase que estúpidamente ignoran que lo que consiguen es una  sensación de hartazgo que nos obliga a los ciudadanos  a revelarnos contra tan cansina y repetida farsa.
No niego la buena intención de nuestros necesarios parlamentarios que tratan de arreglar a su manera la situación. Pero “su manera” no es válida si no se bajan del escenario, pisan la calle, escuchan a los indignados,  hablan con los enfermos y atienden a los enseñantes y a la sabiduría de los viejos.
  Sólo así avivaremos la esperanza de que lleguen a entender  que equivocaron el  género teatral  y  que unir voluntades en un solo Coro es lo efectivo, porque ahora toca Tragedia y no Circo.