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Cómo regamos las plantas en casa


La mayoría de nosotros desconocemos que, cuando regamos nuestras plantas de maceta, lo hacemos de una forma incorrecta.

Normalmente acercamos la regadera, llenamos la maceta de agua y colocamos un plato en la base de la maceta para que el agua de riego no se escape y permanezca allí hasta que la planta y la evaporación la consuman, pensando así que la planta tiene toda el agua que necesita.







 
 



 





 

 





 
 


Nada más falso. De esta manera, estamos regando de forma inadecuada nuestras plantas; en primer lugar, provocamos una "inundación" parcial en la maceta que, debido al peso del volumen de agua aportada, atraviesa el sustrato de la maceta con rapidez llegando de manera casi inmediata hasta la base. Pero es que además este avance rápido del agua acarrea un lavado de los posibles nutrientes (abono) que pudiera contener el propio sustrato.

Por añadidura, provocamos un encharcamiento en la base de la maceta ya que el agua estancada ocupa todo el espacio que hay entre las partículas del sustrato desplazando al mismo tiempo todo el aire y generando una "asfixia" de las raíces. Esto acarrea inmediatamente la aparición de hongos y bacterias que comienzan destruyendo las raíces y poco a poco van acabando con la vida de nuestras plantas. Esta anomalía se detecta porque las hojas se mustian y aparecen podridas en la base del pecíolo.

De hecho, ignoramos que más del 85 % de nuestras plantas en maceta mueren por un riego defectuoso.

 

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