Los orígenes del puenting en España: el Mascarat

El concepto de Puenting  (Puentismo según versión hispana) es una actividad en la cual una persona se lanza desde una altura, generalmente decenas de metros, con uno de los puntos de la cuerda atada a su cuerpo, y el otro extremo sujetado al punto de partida del salto. Los más espectaculares pueden sobrepasar el centenar de metros.

También está el Bungee jumping (o Bungy jumping). a la definición anterior hay que cambiar que la cuerda es elástica y se puede atar al tobillo. Una variante más extendida que el puenting clásico.

Los orígenes del puenting en España son muy interesantes y desarrollan una versión especial del Puenting “el penduling”  que tuve la fortuna de ser uno de los precursores. Cuento la historia.

El Puenting del Mascarat 

El Mascarat es un  barranco que se origina en la Sierra de Bernia (Alicante), muy próximo al mar y al Peñón de Ifach. Muy conocido por los aficionados a la escalada. En la frontera de las dos Marinas, dos comarcas con enorme afluencia turística internacional.

Esto explica el origen del puenting del Mascarat, al que habíamos ido a escalar decenas de veces y fueron una pareja de suizos quien nos habló de la posibilidad de realizar el puenting.

El puenting del Mascarat es especial porque reúne dos puentes en paralelo con una altura sobre el suelo de más de 55 metros.

Esta situación permite anclar la cuerda en el puente contrario al del salto, realizando un tremendo péndulo que atraviesa el ojo del puente, en un ir y venir pendular hasta que se detiene por completo.

Los dos puentes del Mascarat (se salta desde el puente del fondo)
Imagen: Panoramio


Los primeros inicios del puenting del Mascarat

En nuestras escaladas entre el Peñón de Ifach y el Mascarat conocimos a un pareja suiza, Erika Pelbrosse que pasaban largas temporadas en la zona. Después de varios encuentros en la montaña, establecimos buena amistad y en bastantes ocasiones escalamos juntos.

Erika y Pelbrosse

Un día escalando el Mascarat comentaron a Chema y Nacho de la ubicación  de un salto que se realizaba en Annecy (Francia) entre dos puentes de similares características a los de nuestro barranco.


El salto lo realizaban escaladores locales, que buscaban sensaciones de caida para perder el miedo ante un posible “vuelo” escalando. Ella tenía 75 años con una forma física impresionante y su pareja, algo mas joven que ella, siempre abría la cordada en todas las escaladas que realizaban.

Erika escalando en el Peñon de Ifach

Una vez nos habían explicado cuál era el mecanismo de montaje y salto para hacer puenting, empezaron las pruebas con mochilas llenas de cuerdas y material de escalada. Queríamos recrear las condiciones de lo que sería el salto de una persona, pero no sabíamos lo lejos que estábamos de las sensaciones que se podían experimentar.

El primer salto

Junto a los suizos, precursores de la idea, se encontraban Chema Ramírez y Nacho Sánchez .

Uno de ellos sería el afortunado.

Lo hizo Chema Ramírez. Estábamos acojonados, con todas las letras. Después de realizar las pruebas con las mochilas, las mediciones de altura sobre el lecho del barranco y los metros de cuerda que debían emplearse, llegó el momento de saltar.

Como si de una película se tratara, donde el protagonista se juega todo a una sola carta, la decisión de quién realizaría el primer salto se decidió -a falta de voluntarios :-) al palito más corto. Chema, fue el afortunado.

Una vez colocado el arnés y atadas las cuerdas al mismo, llegaba el momento de atravesar la barandilla y situarse sobre el vacío. La cara de Chema lo decía todo. Y llegaron los primeros gritos de ánimo ¡¡Vamos Chema salta!!

Poco a poco, nuestro protagonista fue descolgándose por el puente buscando el punto más próximo al suelo con el fin de reducir algunos metros de caída, hasta que se soltó. En ese momento se hizo un silencio sobrecogedor que Chema rompió con un grito desgarrador.
El segundo en saltar seria Nacho a quien siguió Erika que como anteriormente dijimos, tenia entonces 75 años. Sin duda la saltadora mas longeva en la historia del puenting en España.

Chema Ramirez en su primer salto en el Mascarat. 1984

El apogeo del puenting del Mascarat

Desde ese momento se abrió una época de saltos continuos que prácticamente se realizaban todos los fines de semana. A nuestros amigos Chema y Nacho nos unimos el resto de escaladores que habitualmente realizábamos actividades en grupo. Después de los primeros saltos, fuimos conscientes de la importancia de la colocación de las cuerdas, así como de los medios que había que utilizar para que su rozamiento fuera mínimo.

Esta nueva actividad se hizo popular inmediatamente, provocando la afluencia de escaladores y amantes del riesgo al Mascarat.

Nosotros iniciábamos esta actividad en la cual el motivo principal era experimentar la sensación de caida, y acabó teniendo una concurrencia masiva que atraía a personas de toda España y de otros países.

La situación de los puentes que unían las paredes del barranco y el paso de la carretera nacional por el puente nuevo, hacía que a la vista de los conductores, pareciera que alguien saltaba del puente con otros intenciones. Esta situación provocaba embotellamientos e incluso colisiones. La guardia civil de tráfico, que ya había presenciado algún salto previo, decidió, con buen criterio, regular el paso de vehículos por el puente a la vez que, con complicidad, hacían sonar su silbato para que el saltador se arrojara al vacío.

Mis saltos desde el Mascarat

Después de los saltos iniciales que se habían realizado los dos anteriores fines de semana, y a los cuales no pude asistir, llegó el día en el que decidí saltar. Esa mañana recuerdo como mi cuerpo era recorrido por una corriente intensa que me adelantaba la sensación que iba a vivir.

Yo no había presenciado los saltos anteriores y no tenía referencia visual del mecanismo de salto. Ese día salté el primero. Había escuchado el relato de los anteriores saltadores y tengo que decir que sus palabras no acababan de convencerme…

Pero bueno, allí estaba inaugurando el turno de saltos. Colocándome el arnés, y sin perder de vista cómo mi amigo Carlos González anudaba las cuerdas al mismo. Tengo la imagen grabada en la mente. De vez en cuando también miraba al vacío y me preguntaba cuál sería mi reacción una vez me situara al otro lado de la barandilla. No tarde en averiguarlo.

Pascual García Rubio antes del salto


Cuando atraviesas la barandilla, estás en una lucha entre seguir adelante o volverte atrás. Quizás la adrenalina te da el empujón necesario para continuar. Una vez situado en el punto de salto, sólo te unen al puente tus manos. Las cuales están fuertemente agarradas a la barandilla ya que aparte de la atracción del vacío, las cuerdas están siendo tensadas desde el otro puente lo que produce una sensación de que te van a arrancar del puente.

Tras unos minutos donde por tu cabeza pasan todo tipo de imágenes y pensamientos, sueltas las manos. ¡¡¡Estás en el vacío!!! Transcurren no más de dos segundos hasta que sientes que las cuerdas te sujetan,. parece que el tiempo se detiene, la caída no acaba… El miedo y la adrenalina embotan los sentidos hasta que sientes una aceleración que te lleva directamente hacia el ojo del puente contrario lanzándote a un péndulo gigantesco.  En saltos posteriores, los días de viento, el péndulo te llevaba por encima del puente. ¡Tremendo!

Pascual Garcia Rubio saltando desde el Puente del Mascarat – 1984


El final de una etapa

Esta actividad tenía como objetivo, sentir la sensación de una caída libre cuando estás escalando. Poco a poco desde el primer salto y conforme iban pasando las semanas se fue convirtiendo en una experiencia por la que empezaban a desfilar decenas de amantes de la adrenalina.

El puenting pasó de ser algo ideado por un grupo de amigos a convertirse en algo muy popular y mediático, apareciendo en prensa y televisión. Esta circunstancia creó unas expectativas que desbordaron por completo la idea inicial.

Escaladores y aficionados a los deportes de aventura, durante años acudieron al Mascarat a experimentar estas sensaciones cuyo eco se reflejó incluso en el extranjero (revistas de montaña, etc.).

Durante todo este tiempo, se fueron sucediendo diferentes saltos, en pareja, en grupo (cuatro o cinco personas a la vez), intentando exprimir todo tipo de salto posible, incluso entrando en una dinámica de competición para ver quien era capaz de hacer el salto más singular e increíble.

El final de esta etapa llega con un desafortunado accidente. Como hemos dicho anteriormente la fama del  Puenting del Mascarat había traspasado nuestras fronteras y en más de una ocasión habíamos ayudado al montaje de saltos para gente llegada de Alemania, Francia, Inglaterra… Precisamente de este último país llegó un día una familia que decidieron, animados por fotos que habían visto en revistas, realizar el montaje del puenting. Se encontraron solos y realizaron el salto cuyo final fue dramático. Ya que el cálculo de metros de cuerda hizo que el padre de esta familia llegara a tocar el suelo.

Es importante señalar que es una actividad de riesgo que requiere conocimiento y experiencia sobre el manejo del material así como del montaje.

¿Se podría hacer hoy puenting en el Mascarat?

Pasado un tiempo de la época descrita, hubo un paréntesis sin saltos hasta que alguna compañía de aventuras, con permiso de Diputación y Ayuntamientos, volvió a realizar saltos durante una temporada. Actualmente no se realizan saltos de ningún tipo.

El origen de la palabra puenting

Fue Chema quien hizo un anglicismo con puente, “puenting” y con eso se quedó. Y esa es la historia.

Entrevista con Chema

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