El país de los ruidos

Vivo en España desde hace más de treinta años. Este país me parece un paraiso. Si tuviera que señalar 200 razones para vivir en España, me faltaría espacio para indicar otras 200. Si me obligaran a decir una crítica, sin duda, señalaría solo una: los ruidos. España no puede vivir sin ruidos. Los hay inevitables (tráfico, aviones…), pero, al margen de los evitables, los españoles se empeñan en hacer ruido, viven con el ruido y no cultivan en absoluto el valor del silencio.

Como lo sé, hace cinco años elegí una zona muy tranquila cerca del mar, apenas circulaba un coche, sólo unos residentes en pocas casas. Me pareció que en el país de los ruidos había encontrado un sitio sin ruido.

Cinco años después ¿ruidos?

Han pasado cinco años. Se han construido unas pocas más viviendas (bungalows y chalets). No muchos más a decir verdad. Ayer volví de viajar por Inglaterra, tras un mes en una zona rural, y me acosté temprano (a las 23,30 horas).

Muy cansado, cuando trataba de conciliar los más dulces sueños, unos cuatro adolescentes se despedían en la casa de enfrente. Durante 15 minutos dieron gritos absurdos… Suficiente para olvidar mis dulces sueños. Consideré que no me podía quejar… ¿quienes no hemos hecho cosas absurdas en la adolescencia?

Eran cerca de las 2.00 a. m. Un enorme estruendo me despertó apartándome de mis deseados sueños. Esta vez eran dos madres con sus dos hijos (menores de 10 años- y eran las 2.00 a. m.). Mientras estas paseaban plácidamente, sus menores estaban subidos encima de una tabla que se deslizaba por la pendiente de la calle. Las ruedas de la tabla y su fabricación casera hacían un ruido estruendoso, parecido al de un avión que circulara por la calle. Aunque me quejé muy educadamente a las madres desde la ventana de mi dormitorio, no se dignaron ni a volver la cabeza.

A las 3,14 horas, aunque por mi calle no suelen circular vehículos, en esta ocasión un coche dejó a una vecina. El coche aceleraba sin parar durante unos 10 minutos como queriendo salir, aunque estaba en punto muerto. Para redondear, la música que salía del coche, agotando la fuerza del volumen del reproductor, creaba tal escándalo que ni los más plácidos sueños hubieran podido sobrevivir.

Debí dormirme pasadas las 4.30 a. m. He de confesar que estaba ya un poco irritado. Era muy probable que los sueños dieran paso a las pesadillas. Pero estaba agotado y mi sueño volvió nuevamente.

Entre sueños oía el llanto de un bebé. Mis vecinos no tienen hijos, así que pensé que no podía ser. Mi subconsciente debió interpretar que lo que oían mis sentidos era parte de un sueño. Pero el llanto persistía y cada vez mi consciente estaba más despierto. Miré y eran las 5.14 a. m., el llanto era real y venía de la calle, estaba tan agotado que no me quedaban fuerzas para levantarme. No podía creerme que hubiera un bebé llorando tanto tiempo a esas horas de la madrugada allí fuera. Debía ser un gato. Así me consolé intentando conciliar nuevamente mis sueños.

Esta vez la persistencia y fuerza del llanto, me hizo reaccionar. Ya eran pasadas las 6,30. Me fui a la ventana y vi a un padre en bañador que paseaba su bebé por debajo de la acera de mi bungalow y dos más (la calle la forman unos 12 bungalows). No pude decir nada. Abrí más la persiana para provocar ruido y hacer notar mi presencia. Eso no cambió las cosas, el padre en bañador seguía paseando a su bebé que lloraba y lloraba. La verdad es que no supe que decir o que hacer, la visión era tan surrealista que me pareció sencillamente increíble.

No me extraña que en España haya gente que padezca insomnio. Ya no pude conciliar el sueño hasta la siesta. Y claro, encontré una de las razones por las que la siesta es tan necesaria en España. Pocos logran dormir por la noche.

Y me preguntó qué harán aquellos que viven en zonas ruidosas… ¡Qué preguntas! ¡¡dormir la siesta!!!

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18 Respuestas

  1. Gi 13 años ago
  2. Marina 13 años ago
  3. Anónimo 13 años ago
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  5. Manuel 13 años ago
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