Día Internacional de la Mujer: por qué se celebra el 8 de marzo

La celebración del Día Internacional de la Mujer se remonta a comienzos del siglo XX como consecuencia de las enormes desigualdades existentes entre hombres y mujeres en todo el mundo

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Aunque, en realidad, la lucha feminista en pro de la igualdad entre hombres y mujeres empieza mucho antes, reivindicando, principalmente, el derecho al voto, el acceso a la educación y la libertad para decidir sobre sus propias vidas.

Algunos de los movimientos feministas más populares a lo largo de la historia fueron:

El feminismo ilustrado del siglo XVIII

Todos sabemos que en la Revolución Francesa se luchó por la libertad, igualdad y fraternidad…; lo que no se suele especificar es que se refería a la libertad, igualdad y fraternidad de los hombres solamente, a pesar de que las mujeres también lucharon.

De ahí que, en respuesta a la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (1789), aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa, Olimpia de Gouges, reconocida escritora y filósofa francesa de la época escribiera la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1789) para visibilizar que se estaba dejando a las mujeres al margen en el proceso.

El movimiento de las sufragistas en el XIX

Surgió en el Reino Unido a finales del siglo XIX para reivindicar que las mujeres pudiesen ejercer el derecho al voto igual que los hombres.

Las mujeres no solo no podían votar, ni estudiar, sino que a lo largo de su vida estaban, en todo momento, bajo la tutela legal de una figura masculina, primero su padre y después su marido, siempre sujetas a lo que ellos decidieran.

El movimiento obrero de mujeres a comienzos del siglo XX

A comienzos del siglo XX la situación no había cambiado mucho, algunas mujeres ya trabajaban fuera del hogar, pero su trabajo no era reconocido ni constaba generalmente a nivel oficial, cobraban muchísimo menos que los hombres porque su salario se consideraba solo un complemento del de sus maridos, trabajaban en condiciones deplorables, con largas jornadas y sin ningún tipo de derecho y al llegar a casa tenían que seguir trabajando para “atender a sus maridos” y demás familia.

Cansadas de la situación, algunas mujeres empezaron a organizarse para protestar por esta discriminación y reivindicar sus derechos.

Destaca la huelga de las camiseras de Nueva York en 1909, también conocida como “El levantamiento de las 20.000”, en la que participaron miles de mujeres, en su mayoría, jóvenes inmigrantes de origen europeo y judío que trabajaban en las fábricas textiles de Nueva York en condiciones deplorables.

Para hacernos una idea de la situación, basta con señalar que estas mujeres pedían una jornada laboral de 10 horas!!

Trabajadoras de una fábrica de textil

Trabajadoras de una fábrica de textil

La huelga duró unos 3 meses, desde finales de noviembre de 1909 a mediados de febrero de 1910 y permitió a la Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América (NWTUL, por sus siglas en inglés) negociar con los dueños de las fábricas algunas mejoras en las condiciones laborales de las trabajadoras, incluyendo mejores salarios y una ligera reducción de la jornada laboral a 52 horas semanales.

Ese mismo año, en 1910, 100 mujeres de diferentes países se reunieron en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhage, y decidieron, entre otras cosas, crear el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”.

Se celebró por primera vez un año después, en 1911, en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, para reivindicar el derecho al voto y a ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Esta primera celebración del Día de la Mujer Trabajadora ganó impulso y repercusión, lamentablemente, debido a un hecho trágico: la muerte de más de 140 mujeres en el incendio de una fábrica textil en Nueva York el 25 de marzo de 1911.

Fue en la fábrica de confección de camisas Triangle Shirtwaist, situada en los pisos 8º, 9º, y 10º del Edificio Asch. Al parecer era práctica habitual cerrar las puertas de los talleres con llave para evitar que las trabajadoras, en su mayoría mujeres, pudieran salir durante la jornada laboral para ir al baño o descansar, por lo que, al producirse el incendio, quedaron atrapadas en el interior y murieron quemadas.

La tragedia originó numerosas revueltas en los EE.UU. y dio lugar a importantes cambios legislativos en las normas de seguridad y salud laboral e industrial.

En los años posteriores, la celebración del Día de la Mujer Trabajadora se fue extendiendo a otros países y se le quitó la palabra “trabajadora” para englobar a todas las mujeres.

Tras conseguir algunos avances importantes, como el derecho al voto, a estudiar o a trabajar, hubo cierto período de calma. Pero pronto, muchas mujeres se dieron cuenta de que la desigualdad seguía siendo patente, no solo a nivel laboral, sino en la sociedad en sí, en numerosos detalles del día a día.

La mujer seguía sometida al hombre a lo largo de toda su vida. Pronto surgió una nueva ola de feminismo en pro de la igualdad total.


Nueva ola de feminismo en los años 60-70

En los años 60 y 70, los movimientos feministas se extendieron por Europa y EE.UU., al margen ya del movimiento obrero y sindicalista. Surgió el Movimiento de Liberación de la Mujer y el feminismo se dividió en diferentes vertientes, que si bien diferían en las formas de actuación, en cuanto a reivindicaciones eran muy similares. En general, se pretendía:

  • Acabar con la idea generalizada de que las únicas funciones de la mujer son ser madre y esposa.
  • Luchar por la emancipación femenina o libertad para la mujer a la hora de decidir qué hacer en su día a día y cómo vivir su vida. Recordemos que la mujeres no podían abrir un negocio ni viajar, por ejemplo, sin el permiso de su padre en caso de estar solteras o de su marido, una vez casadas.
  • Promover la inclusión de la mujer en la esfera pública y puestos de responsabilidad.
  • Derecho al aborto libre.
  • Igualdad de salarios por el mismo trabajo.
  • Acabar con las frecuentes situaciones de violencia machista, tanto en el trabajo, en forma de acoso laboral y sexual, como de maltrato y sometimiento en el hogar.

Si nos paramos a pensar, muchas de estas reivindicaciones continúan todavía vigentes, a pesar de haber pasado cerca de 50 años.

En 1975, la ONU celebró el Año Internacional de la Mujer y dos años después, emitió un comunicado pidiendo a todos los países que instaurasen un Día Internacional de la Mujer en sus respectivos territorios.

Uno de los países más tardíos en adoptarlo fue EE.UU., en donde no se celebró el Día Internacional de la Mujer hasta 1994.

La situación actual

Con el paso de los años, gracias a la lucha de infinidad de mujeres valientes y numerosas protestas y manifestaciones, se fueron consiguiendo muchas cosas que ahora damos por sentadas, como el derecho al voto.

Sin embargo, muchas mujeres fueron encarceladas o perdieron sus vidas luchando por esos derechos y no hace tanto tiempo de ello. Por ejemplo, en países como Afganistán o Kuwait las mujeres no consiguieron el derecho al voto hasta 2003 y 2005, respectivamente.

Por desgracia, todavía hay países en los que la mujer es un ciudadano de segunda.

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Algunas culturas siguen practicando tradiciones que obligan a las mujeres (y niñas) a casarse contra su voluntad con quien designe su padre o a ir completamente cubiertas en público; en algunos países de África todavía se practica la ablación (mutilación sexual femenina); y en otros como Arabia Saudita, las mujeres ni siquiera pueden conducir.

En cuanto a los países denominados “desarrollados”, en la actualidad, la igualdad entre hombres y mujeres está recogida como un principio fundamental en la legislación de la mayoría de ellos, así como en los tratados de derechos humanos internacionales. Sin embargo, en la práctica no se cumple.

Un ejemplo claro es el de las violaciones. Hoy en día ya están penadas por Ley en gran parte del mundo, sin embargo, seguimos viendo casos en los que los jueces rebajan la pena al violador porque “la mujer iba provocando en minifalda”.

A nivel laboral

Las mujeres siguen cobrando menos que los hombres, desempeñando el mismo puesto; tienen menos opciones de promoción a puestos directivos y de responsabilidad que sus compañeros hombres; sufren mayor precariedad laboral y discriminación debido a la maternidad; les cuesta más conseguir financiación para montar su propio negocio, etc.

A nivel social

Las mujeres que trabajan fuera de casa siguen haciendo jornada doble; deben hacer frente en su día a día a los denominados “micromachismos” ; y cada día mueren asesinadas mujeres en todo el mundo a manos de sus parejas.

Lamentablemente, todavía queda mucho por hacer. Basta con ver la intervención de este eurodiputado polaco en la eurocámara esta semana, acerca de la brecha salarial entre hombres y mujeres:

Según Janusz Korwin Mikke: “Por supuesto las mujeres deben ganar menos que los hombres, porque son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes”.

Estamos en el siglo XXI y Polonia es un país “desarrollado” e incluido en la Unión Europea, pero todavía hay personas que no solo piensan así, sino que se atreven a decirlo en público en una sede de un organismo oficial.

En Rusia, otro país europeo, mueren entre 12.000 y 14.000 mujeres cada año, asesinadas a manos de sus parejas, según datos del Ministerio de Interior ruso en 2008. Y en lugar de buscar una solución, el gobierno ruso acaba de promulgar una Ley que despenaliza la violencia machista.

Por todo esto y mucho más, este año, el 8 de marzo habrá, además de la manifestación habitual, una huelga internacional de mujeres bajo el lema “Ni una más. Vivas nos queremos”.

“Si no paran, paramos”

Y tú… ¿Qué va a hacer?

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