La ética y la política

Resulta muy preocupante para nuestras democracias admitir con pasividad el estado de la ética en la política. Ayer mencionábamos la percepción de los ciudadanos a través de una encuesta de TI sobre la corrupción de partidos y medios de comunicación. Hoy la prensa está plagada de “casos prácticos” como diría un estudiante de periodismo.

En la Europa del siglo XXI leemos:

  1. Yushchenko fue envenenado, Los médicos aseguran no tener ninguna duda”.
  2. Berlusconi esquiva otra vez a la Justicia italiana, Consigue librarse por 6ª vez de sus responsabilidades”.
  3. Un estrecho colaborador de Berlusconi, condenado a nueve años de cárcel por “asociación mafiosa” Marcello Dell`Utri es considerado nexo de unión entre la mafia siciliana y el mundo político y económico de Milán”.
  4. Rusia amenaza con ataques preventivos. La metodología de Bush asumida por las grandes potencias militares.

  5. Un suboficial estadounidense condenado a tres años de cárcel por dar el tiro de gracia a un joven iraquí que iba desarmado y que acababa de ser gravemente herido por la misma unidad de este militar”.

En este marco llama poderosamente la atención el Código para el buen gobierno del Gobierno. En general aplaudido por casi toda la prensa y aceptado, aunque como propaganda, por la oposición. Como señala el diario El País “No hay ética sin estética, y viceversa” (Editorial El País).Sin embargo, Sr. Zapatero, Sr. Presidente, convendrá que es poco “estético” que vayamos a aprobar una constitución europea con un primer ministro en Italia que sigue en su cargo habiendo sido hallado culpable de corromper a la justicia y con colegas y colaboradores aliados de la mafia. Resulta poco “estético” que visite usted al Presidente Putin, partidario de la guerra preventiva (a que usted Sr. Zapatero se opuso), por no hablar de temas muy graves que conviene esclarecer como es el caso del envenenamiento del candidato opositor a la Presidencia de Ucrania, Viktor Yushchenko. Es de alabar cualquier buena intención, pero créanos, seguiríamos de muy buen grado llamándole “Excelentísimo” si afronta un “código” mucho más claro en sus relaciones internacionales. Incluido su reciente y poco comprensible viaje a Rusia.

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