Control de empresas

Alternancia de gobierno y de gestión de empresas

El gobierno socialista quizá tenga la tentación de cometer un grave error: aplicar la misma política que el PP en materia de control de empresas privadas. De ser así, estaría legitimando una grave intromisión en la empresa privada, fuera de todo raciocinio o lógica.

No hay que insistir mucho en la gravedad que supondría para la economía de este país tal tipo de prácticas. Tenemos que ser cada vez más conscientes de que nuestras empresas (Telefónica, Bancos, grandes empresas de servicios…) cubren su actividad no sólo en España, sino en otros muchos países (toda América Latina y Europa). Que estas empresas tengan sometida su gestión directamente a los gobiernos y por extensión a los partidos políticos no parece muy aceptable. Imagínense que en vez de rendir cuentas a un accionariado internacional y preocuparse de la eficacia y competitividad de sus prácticas en los muy países donde operan, los mandos de estas empresas estuvieran pendientes de la coyuntura política y los resultados electorales en España. Sería poco saludable para las empresas e, incluso, para nuestra democracia.

Potestad legislativa o control directo de las empresas

Los gobiernos tienen la potestad para legislar y endurecer, si llegara el caso, las buenas prácticas de gobierno corporativo, la ética en los negocios, el control y la transparencia de las cuentas, una política fiscal activa y en algunos casos hasta el control de precios, amén de la suma de iniciativas regulatorias.

Esto es, tiene el BOE, y con esto debería ser más que suficiente. El control directo de las empresas corresponde a sus accionistas.

Aznar, el PP y el control de empresas

El espectáculo de Aznar y el PP con la intromisión activa y directa en el control de las principales empresas españolas durante su periodo de gobierno sienta un precedente muy peligroso que los socialistas no deberían continuar. No es necesario hacer memoria para recordar los casos de Telefónica o el BBVA. El primero con una reincidencia casi bochornosa en el cambio de la Presidencia en manos de su compañero de pupitre Villalonga.

El dilema del gobierno socialista

En el caso del BBVA las noticias apuntan a una operación a la contra. Como decíamos al principio quizás sea un mal asunto. Con seguridad nos introduciría en una espiral, dado que tras el gobierno socialista y la vuelta del PP se reproducirán las mismas o parecidas maniobras, confiriendo una peligrosa inestabilidad y tensión en las principales empresas españolas.

El gobierno socialista debería robustecer con medidas legislativas la independencia y autonomía de las empresas españolas. Este tema debería entrar dentro de los “pactos de Estado” con el PP, en la línea del “estilo Zapatero”. Su dilema quizás esté en que desarrollando ahora esta iniciativa consolidaría en la cúspide de las principales empresas a amigos de directos Aznar o personas estrechamente vinculadas del Partido Popular.

Pedro Solbes es una persona prudente que conoce bien las exigencias de los mercados internacionales y la imperiosa necesidad de no cometer graves errores. Pero urge una solución brillante ante eventuales tensiones y maniobras no convenientes para la salud de las empresas.

Todo esto la margen de la escasamente consistente postura – por no calificar de cínica- del partido de la oposición al solicitar la comparecencia de Solbes y Sebastián en el Congreso “para aclarar el asalto desde Moncloa a entidades financieras privadas”.
Que le pregunten a Aznar que sabe muy bien el método.

2 Respuestas

  1. Anónimo 13 años ago
  2. Anónimo 12 años ago

Añadir Comentario