LEER SIN PAPEL

Hace un par de años, mis hijos, por Navidad, me regalaron un IPOD. Durante los primeros dias confieso mi miedo a lo que en esta ocasión parecia una bella bomba de mano: bella pero bomba al fin; recordé mi terror cuando me senté ante el primer ordenador,
Le perdí el respeto cuando me bajaron mis musicas preferidas y las suyas, y aprendí a seleccionar el qué, el cómo y sobre todo el cuando oir lo que me interesaba ó me ponía al dia en cuestiones musicales. Me pareció milagroso si comparaba con los años en que la música solo era posible atraves de la radio, el pick-up o los conciertos.
A principios de este año me propuse sacarle más partido a mi ya entrañable regalo.

Laura, mi amiga, tiene un IPOD y es mi tabla de salvación cuando tengo problemas porque su minusvalia la hace maestra en el mundo virtual. En esas galaxias Laura se siente, desde su silla de ruedas, pájaro en el aire y pez en el agua donde disfruta de la libertad que le negó la vida. De su mano he ido olvidando el miedo y descubriendo, entre otras magias, la de leer a mi capricho el libro que me apetece. Gratuitos o no ahi están todos dispuestos a bajar a mi pequeño y cada dia más sorprendente soporte.

Entiendo perfectamente que los empedernidos lectores, ante el articulo de Jorge Volpi * donde vaticina y expone con maestría el futuro de nuestros amados libros, se sientan deprimidos y tristes.

Para los que hemos pasado toda una vida aprendiendo, coleccionando y acariciando el papel es un duro golpe aceptar la modernidad en la lectura que se nos viene encima.


Una novedad tecnológica siembra, en los que ya contamos muchos años, primero rechazo y más tarde una desajuste mental ; evidencia, para nuestra irritacion, que lo que a los jóvenes ilusiona a nosotros perturba. Volver a aprender, familiarizarse con una nueva herramienta, nos induce siempre a la rebeldía y, sobre todo, a la resistencia al cambio de las costumbres con las que hemos convivido pacificamente y a las que hemos ido adaptando nuestra forma de vida.

Los mayores tendemos a quejarnos de que la sociedad pasa de nosotros y poco a poco nos arrincona. Es más, nos sentimos víctimas pasivas y, lo peor, impotentes.
Se nos aconseja que es imprescindible no bajar del tren para continuar el viaje que culminará la aventura de la vida y, no obstante, amparados en nuestra recurrente experiencia, en esta ocasión engañosa, creemos que siempre habrá otro tren al que re engancharnos.
Y es que la edad aparte de sus ventajas, esconde sentimientos negativos de inapetencia , de inutilidad o de torpeza que no son más que excusas para rechazar el esfuerzo a seguir en el maratón imparable que supone vivir y a no caer en la tentación de bajarse en la primera estación.


Para seguir haciendo camino en nuestro imaginario tren, habrá que relegar al fondo de la maleta la melancolía del papel y poner sobre las camisas y junto a los medicamentos propios de la edad, los libros electrónicos , las galletas, el IPOD o lo que venga.
Además de llevar toda la biblioteca en el bolsillo podremos elegir el título, el tamaño y el color de la letra, ó, si el cansancio aparece, como en una milagrosa vuelta a la infancia hacer que nos lean en version audio El Quijote, mientras nuestra imaginación vuela hacia las galaxias por las que se desliza mi querida Laura.





2 Respuestas

  1. apm 6 años ago
  2. Basseta 6 años ago

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