LA CRISIS Y EL PORVENIR

“Yo tambien lo estoy pasando mal” respode cualquiera a la pregunta “¿cómo te va?.. y a continuación un silencio de pudor, de vergüenza inevitable que pone fin al dialogo.
 Pasarlo mal indica noches en vela, familias rotas, amistades perdidas, inquietud constante, proyectos frustrados, ilusiones rotas, y, lo peor, futuro incierto con bolsillos precarios….sufrimiento al fin. Es la sensacion de un naufragio irremediable que engulle años de trabajo y esfuerzos sin fin que aspiraban a una  una vejez segura y a una paz merecida y que ahora se desmoronan.
Se habla, se escribe y se opina todo acerca de la crisis  porque con los años ésta se está convirtiendo en tema obligado que remite a esta enfermedad crónica que afecta , cada dia más, a nuestras instituciones y a nuestro entramado social. En cambio se escribe muy poco sobre el impacto de devastadores efectos que esta calamidad produce sobre las personas . Sin ser psicólogos sabemos que la angustia y desesperación conducen a rendirse, a bajar los brazos y, mas pronto que tarde, a sumirse en el conformismo y la desesperanza. 
Si miramos con perspectiva el recorrido de nuestra vida coincidiremos en que nuestra trayectoria vital ha sido una carrera de obstáculos cuya superación hizo posible llegar hasta aqui. La historia personal de cada uno es la suma de indeseadas crisis personales o sociales de mayor o menor envergadura que se fueron superando con esfuerzo personal y cambios profundos.

 

En los años jóvenes los obstáculos son, en cierto modo, el aliciente de la vida. La ilusión por ganar una baza a las dificultades, el empeño por superar, ha sido el resorte que impulsa a poner en marcha todos los activos de nuestro cerebro con olvido voluntario del riesgo la pereza y la desesperanza.
 Hoy no es suficiente con hacerle frente a la vida. La crisis ya no es personal: es del Sistema, de las Instituciones, de los valores, de la forma en que está organizado el mundo y es que todo ha quedado obsoleto, no sirve, no da soluciones sólo provoca terapias de alargamiento de una agonía irreversible
La Historia nos dice que las etapas de esplendor acabaron en derrumbe de los sistemas que en si mismos  anidaban  perversiones que envilecieron a los más poderosos de cada época. Y tambien nos dice que los cambios se produjeron porque las victimas de esos sistemas, llegadas al límite, dinamitaron ese mismo istema, el que fuera, hasta hacerlo caer. Y se produjeron  los cambios.
Hoy la solucion, al menos en Occidente, no está en revoluciones tumultuosas ni en guerras sangrientas. En mi opinion, la sociedad actual tiene suficientes herramientas incontrolables  para inducir a cambiar actitudes, denunciar corrupciones, destapar tapujos, y poner a la vista de todos la patologia de los males que producen las miserias de un mundo sin rumbo.
 Se nos llama la Sociedad de la Información y es que los ciudadanos ya no ignoran; conocen y saben mucho mas de lo que interesa a los gobernantes; tampoco callan o enmudecen,  provocan opinion y se hacen presentes aun a costa de descalificaciones interesadas. Naturalmente ya no pasa inadvertido que la mentira es costumbre y forma de hacer política, que hoy se dice una cosa y mañana lo contrario sin enrojecer porque los ciudadanos son tontos y permanecerán como antes ajenos y embaucados en las doctrinas partidistas Me temo que los cambios  van a llegar; no sé cómo ni cuando pero de la mano de los auténticos protagonistas de la Historia: los ciudadanos
Sin presumir de agorero preveo un momento en el que el mundo de la codicia por el poder, venga de donde venga, temerá más al click del “raton” que a las revoluciones sangrientas porque el botón que a todos informa  a todos impulsa es el signo de nuestro tiempo y el que no lo quiera ver así sea politico, banquero o simple ciudadano se equivoca

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