Corrupción y actitudes

CORRUPCIÓN Y ACTITUDES

En estos días se han publicado los resultados de ese trabajo que anualmente realizan las organizaciones dedicadas, entre otras cosas, a medir el grado de corrupción en los países y así conformar un ranking. También los indicadores marcan a las instituciones más afectadas por la corrupción según las estimaciones de las encuestas al efecto en cada país. La ubicación de la Argentina sigue siendo deplorable y entre las instituciones más corruptas se señala a los partidos políticos y al parlamento o congreso.

No se ha escuchado ningún comentario al respecto, no se ha publicado una línea de desagrado, nadie ha manifestado preocupación, no se ha esbozado ningunas propuesta con intenciones correctoras. Será por aquello de “no hablar de la soga en la casa del ahorcado”?.

Uno de los datos que se brinda dice que sólo el 6% de los argentinos manifiesta haberse visto alcanzado por la corrupción. Esto quiere decir una vez más que ratificamos esa gloriosa costumbre nacional de que siempre fue el otro, alguno de esos que integran el 94%, pero que no fueron interrogados.

Esa falta de comentarios y este último dato me resultan aún más preocupantes que los resultados de la encuesta. Nuevamente aquello de: agacharse que todo pasa en esta bendita nación.

La primera vez que visité el país que entonces era considerado el más afectado por una corrupción sistematizada e institucionalizada a través de un régimen político hegemónico me sentí muy impresionado por los relatos que me hacían.

Al punto de comprarme todos los libros que encontré y que pudieran contener alguna descripción más intelectualizada sobre el régimen.

Pero lo que más me llamó la atención y movió mis reflexiones hasta el asombro era la actitud de los interlocutores. Me contaron innumerables anécdotas, situaciones y chistes, pero siempre en estado contemplativo, como me gusta llamar a lo meramente descriptivo y sin compromiso. Tal vez, si fuera posible, con una valoración neutra o indiferente.

Mientras hablaba con alguien de más confianza le referí esta impresión y categóricamente me dijo que eso era porque todos o muchos sólo esperaban su oportunidad para ser iguales, porque esas eran las reglas del juego.

Desde entonces me ha quedado un concepto muy desalentador en la visión sobre estos fenómenos tan terribles.

Tengo la más absoluta convicción de que el principal mal de la Argentina es la corrupción. Es el color del cristal que tiñe todo confusamente; que condiciona y relativiza todos los esfuerzos y todas las acciones; que ridiculiza a los honrados y premia a los deshonestos; que al igual que una grave enfermedad se expande por todo el cuerpo de la república y provoca metástasis en todos los órganos.

Creo que no hay posibilidades de construir un país en serio si no se ataca este mal que se ha constituído en una causa que tiene cada vez más militantes y de todas las proveniencias.

Pero no me surgen esperanzas cuando veo que, peor aun que en aquel país al que me referí, no sólo se mantiene una actitud de indiferencia sino que no surge ninguna voz, aunque fuera una solitaria y sin mucha fuerza, que salga a comentar críticamente el lugar que ocupamos como país con alto índice de corrupción.

No incluyo al gobierno en esta demanda porque sólo se dedica a comentar las cosas buenas y favorables y esta cuestión, precisamente, me parece que no le conviene..

Luis Antonio Barry
Buenos Aires, diciembre de 2006.-

2 Respuestas

  1. Andres de Lanus 10 años ago
  2. Eugenio E. Bavastro Modet (Ex-Juez) 8 años ago

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