Manchester y Varsovia

Dos conciertos en los últimos días, interpretados por dos orquestas muy trabajadoras. La Orquesta Filarmónica de Varsovia estaba en Bristol, como parte de su gira europea actual. Tengo varios CD de música de su director artístico, Antoni Wit, grabados cuando estaba a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional de Polonia. Fue un programa interesante y me impresionó especialmente la Sinfonía Rústica de Andrzej Panufnik (1914-1991) que abrió el concierto. Es una música con altos y bajos, muy conocida, con melodías locales polacas y ritmos entretejidos en un todo fascinante pero intranquilo, e interpretada con un gran compromiso por una orquesta dividida en dos secciones en continua conversación entre sí.

Me impresionó menos el acompañamiento al primer Concerto para Violín de Bruch, interpretado a continuación, en el que el excelente solista Kuba Jakowicz, tocó con una delicadeza y finura que no fue igualada por la orquesta. No es una obra del todo convincente; en mi opinión un poco confusa, pero la forma en la que el director pidió a sus músicos que tocasen con fuerza y toscamente, no fue adecuada. No soy músico y, tal vez, así es como figura en la partitura, pero he escuchado actuaciones más melífluas. No fui capaz de quedarme a la segunda mitad, la 2ª Sinfonía de Tchaikovsky que, sin duda, habría encajado en el estilo franco de la orquesta. Veo que repitieron el mismo programa la noche siguiente en Warwick. Las orquestas que están de gira trabajan muy duro.

La semana pasada Manchester llegó a Bath. La Orquesta de Halle cerró el festival anual de Mozart con un concierto fantástico de Mendelssohn y Mozart;su 17º Concierto para piano interpretado con el aplomo y el desapego apropiados por Imogen Cooper y la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. La interpretación de Dvorak realizada por Sir Mark Elder hizo de esta obra familiar un sonido nuevo. Debo alabar el detalle y la convicción con la que interpretaron el segundo movimiento Largo. Fue de una belleza impresionante. En su día, John Barbirolli salvó la Halle de la desaparición, cuando regresó a Gran Bretaña en tiempos de guerra, después de pasar seis años con la Filarmónica de Nueva York. Ahora, Mark Elder -aunque la situación no era para nada tan extrema- le ha dado una confianza renovada y un recobrado virtuosismo a la misma orquesta, muchos años después.

Tan solo una salvedad: el lugar de celebración. El concierto se celebró en una sala importante de Bath, un antiguo cine art déco que ahora pertenece a un grupo cristiana de la zona. Es grande y todas las entradas se habían vendido, lo que supone un público de 1.700 asistentes. Sin embargo, la acústica no es buena y los accesos son deficientes. Es vergonzoso que una ciudad que celebra su reputación como centro de cultura con una proliferación de festivales de un tipo u otro nunca se haya aventurado a construir una sala de conciertos versátil, con el mismo entusiasmo que ha desarrollado su zona comercial.

No obstante, gracias a Elder y la Halle por una noche maravillosa y un final apropiado para el Festival de Mozart de este año. ¡Salieron para Reading esa misma noche para dar un concierto al día siguiente!

B.R.