Anton Bruckner (1824-1896)

En una entrevista con el director de música Herbert Blomstedt quien estaba dirigiendo la Orquesta de Gustav Mahler interpretando el ultimo sinfonía de Bruckner (su noveno sinfonía – la cual nunca fue terminado) durante un intervalo en uno de los conciertos Proms hablo con mucho entusiasmo sobre la originalidad de este compositor. Dijo que en alguna manera fue más arriesgado que Gustav Mahler, su alumno quien le refirió como su precursor. Bruckner vino de una familia humilde. Fue el primogénito de once hermanos. Bruckner mostró su talento para la música desde muy joven, toco el violín instintivamente pero gano su fama tocando el órgano con un don poco común de improvisación que le llevo a tocar el órgano en muchas iglesias importantes además de catedrales. Fue un hombre de fe pero le faltaba seguridad en si mismo y le sorprendió cuando fue elegido para se un profesor en el conservatorio de música de Viena.

Algunos críticos dicen que sus composiciones para el órgano y sus obras religiosas con lo mejor de su carrera pero ahora esta recordado por sus obras para las orquestas. Sin embargo tardo casi todo su vida para que su música ganara el reconocimiento que le merecía. Las sinfonías son excepcionales y notables para esta época de creatividad musical en Viena. Me conmueven pero a la vez me inquietan. Tiene el hábito de componer movimientos que llegan a sus grandes finales y después se paran solo para empezar el siguiente camino al fínal. De hecho cuando se estaba ensayando su primera sinfonía en Viena la orquesta lo nombro ‘la sinfonía de descansos’.

El otro día escuche su novena sinfonía para escucharla en el coche en camino de ver un viejo amigo del colegio. Era como si nuestro coche pequeño fuera ocupado por la música (la escuche con el volumen a tope – pero eso es un requisito cuando estas escuchando a Bruckner). Y mientras escribo este blog todavía puedo oír el último movimiento en mi mente. ¡Había algunos momentos en el viaje que tenia que bajar el volumen para concentrarme más en conducir!

Aunque Bruckner fue un aficionado de Wagner (le llamo ‘el maestro de los maestros’) y fue influenciado por el (especialmente en el uso de la combinación de la tuba y el cuerno francés en sus operas) y se incorporo al grupo de amigos íntimos de Wagner además de dedicar su tercera sinfonía a el, Bruckner fue original. No siguió las modas, siempre el alumno, cambio de opinión constantemente y hay una calidad superior en sus sinfonías. Algunos críticos dicen que solo ahora esta llegando a ser reconocido de verdad.

¡Pero es mejor escuchar sus sinfonías en auditorios grandes como ‘el Royal Albert Hall’ que en un coche pequeño!

B.R.