Nuevos
productos y formas de vida pueden ser la causa de desequilibrios sociales. Por
ejemplo, aparatos médicos se podrían integrar en jeringuillas más
finas que un bacterium, tal vez permitiendo la modificación o estimulación
fácil del cerebro, con efectos parecidos a cualquiera de una variedad de
psicoactivos.
La mayoría de las sociedades
prefieren prohibir ciertos productos: se prohiben los fusiles en el Reino Unido,
la sandía sin pepitas en Irán, los objetos sexuales en Téjas,
ciertas drogas como la marihuana en los EE.UU., y el alcohol en las sociedades
islámicas. Aunque muchas de estas restricciones se basan en principios
morales no compartidos por la mayoría de la población mundial, el
hecho de que existan indica la sensibilidad de las sociedades - o al menos sus
gobernantes - hacia productos no deseados.
La capacidad
de fabricar productos ilegales utilizando fábricas personales podría
desequilibrar la sociedad y dar entrada a una normativa excesivamente rígida
sobre la tecnología. Nuevas estilos de vida hechos posibles por las nanotecnología
también podrían causar desequilibrios sociales. Mientras que la
demanda por los productos ilegales ya existe, los estilos de vida cambian a lo
largo de los años, así que el impacto sobre éstos sería
menos agudo. No obstante, algunas posibilidades de estilo de vida (sobre todo
en el ámbito de sexo, drogas, diversión y modificación del
cuerpo o genética) podrían molestar tanto a observadores que su
mera existencia podría causar desequilibrios.