Internet: ¿víctima de su propio éxito?

La vida sin Internet es inimaginable para los millones de personas que lo utilizan a diario pero, según un artículo publicado esta semana en BBCNews, Jonathan Zittrain, profesor del Oxford Internet Institute y uno de los principales expertos del mundo en el impacto de la red advierte que Internet es frágil y podríamos estar camino de su destrucción.

Hace 20 años del primer incidente de hacking, cuando un alumno de la Universidad de Cornell lanzó un gusano que en apenas un día había comprometido aproximadamente un 5-10% de todos los ordenadores conectados a Internet, que por aquel entonces eran unos 60.000. El responsable, Robert Tappan Morris, de 23 años, fue condenado a pagar una multa de10.050 dólares, tres años de libertad condicional y 400 horas de servicios a la comunidad. Ahora es profesor en el MIT y acaba de ganar millones de dólares con la venta de una puntocom a Yahoo.

Él fue el primero de una generación de hackers, que se suscribieron, en conjunto, a la idea de “no hacer daño”. Pero el hacking ha cambiado y el público no ha ajustado la seguridad de sus ordenadores a la enorme amenaza de virus, spam, gusanos, phishing y fraude. Se calcula que el número de ordenadores involucrados en botnets (redes de máquinas infectadas que acatan las órdenes del creador del código que las ha infectado) es de 100-150 millones, es decir, la cuarta parte de todos los ordenadores conectados a Internet.

Según Zittrain, ahora todo es una cuestión de dinero. “El modelo de negocio es infectar estas máquinas para robar su ancho de banda y la potencia de su procesador y venderlo al mejor postor o bien para dirigir todas esas máquinas de modo que intenten cargar una misma Web a la vez y colapsen el sitio, incluso hemos empezado a ver el uso de estas máquinas zombie para el envío masivo de spam y para recabar detalles personales de los usuarios de dichas máquinas”.

Solo las pérdidas por fraude de tarjetas de crédito en Internet ascendieron a un total de 267,6 millones de euros en el 2007, un 15% más que en el 2006.

Zittrain advierte que el mayor éxito de la Web –lo que él denomina “generatividad incontrolada” (cualquiera puede escribir o compartir programas diseñados para hacer prácticamente lo que desee)– es también su talón de Aquiles. Y el final puede llegar cuando la elevada cantidad de código malicioso nos lleve o bien a una Internet desbaratada o a lo que el denomina una tecnología “estéril” como la del iPhone.

Cuando un usuario tiene un ordenador personal genérico capaz de ejecutar cualquier código que le introduzca sin que el fabricante del ordenador pueda decir nada al respecto, es decir, lo que sucede con cualquier ordenador de sobremesa o portátil normal, es maravilloso, pero también constituye una enorme vulnerabilidad, explica Zittrain. Esa apertura, esa gloriosa interactividad y creatividad tiene sus propias vulnerabilidades y es que con miles de millones de personas que no protegen bien sus PCs, estos están abiertos a que cualquier software entregue las claves de sus usuarios a un tercero. Entonces se llega a un punto en el que Zittrain considera que la cura puede ser tan mala como el problema.

Una versión de esa “cura” es, según él, el iPhone, de Apple. A diferencia de Internet, la i-Phone es una red propietaria, en la que no hay forma de que un usuario escriba sus propias aplicaciones o instale los programas de otros sin el consentimiento expreso de Apple. Pero mientras esto protege la integridad del sistema de código malicioso (o malware) también otorga el control a una multinacional.
La otra opción, según Zittrain, es decidir que este experimento de 30 años llamado Internet ha sido glorioso mientras duró, pero ahora de debe acabar.

Sin embargo, Internet ha crecido exponencialmente en los últimos 20 años gracias, precisamente, a que cualquiera puede crear una plataforma y compartir lo que hace con otros. Es necesario encontrar una solución que no destruya la totalidad del sistema y que, además, no acabe con la creatividad y la libertad que han dado a Internet su gran éxito.

Fuente: BBC